miércoles, 28 de octubre de 2009

Alternativas para invertir con un dólar planchado

La cotización del dólar es un termómetro del humor y la economía argentina, por lo que suele transformarse en el refugio preferido para los ahorros, especialmente, cuando se viven tiempos de incertidumbre en el país.
En la actualidad, se da un fenómeno por demás extraño si se tiene en cuenta la crisis local que viene arrastrando el gobierno desde antes de las elecciones: el billete verde está totalmente planchado desde hace dos meses y se movió tres centavos hacia abajo en su precio, una tendencia que no se daba desde hace tiempo.
Atrás quedaron los presagios de los analistas que estimaban que luego de las elecciones de junio se dispararía su cotización y que cerraría el año por encima de los cuatro pesos. La realidad es que no ha dejado de oscilar entre los 3,86 y 3,83 pesos y las perspectivas es que se mantenga así.
Si bien esta realidad podría ser una señal alentadora que mostrara una estabilidad en el país, ha generado incertidumbre entre los inversores ya que se les hace difícil encontrar un lugar dónde colocar el dinero, debido a la coyuntura que se vive en estos tiempos, con el mercado local que vienen creciendo durante todo el año y alcanzó valores similares a los que tenían antes del colapso mundial.
Esto ha llevado a que muchos se pregunten qué hacer con los pesos que tienen guardados. Esa duda ha sido la que más escucharon los asesores financieros últimamente y se ha tornado un dilema de difícil solución. “Hoy la peor pregunta es qué hago”, afirma Gabriel Holand, director de HR Global.
Jackie Maubré, responsable de Asset Management de Cohen Sociedad de Bolsa, concuerda. “El inversor local nos está preguntando constantemente qué hacer en este ambiente. La verdad es que estamos en valores del mercado de las acciones que ya se han recompuesto a niveles precrisis y lo mismo ocurrió con los bonos. No está fácil la cosa para tomar decisiones de inversión en este momento”, sostiene.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que existen distintas alternativas que les permitan a los inversores buscar un refugio para su dinero hasta que el dólar vuelva a ser atractivo.

La renta variable

Una de las mejores inversiones que hubo en este año en el mercado local fueron las acciones que cotizan en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, especialmente los que conforman el Merval. El índice de referencia lleva acumulado una ganancia del 109% desde comienzos de 2009 y se encuentra en niveles cercanos a su récord de octubre de 2007.
Sin embargo, los analistas dudan que esta tendencia se prolongue en el mediano plazo, ya que la mayoría de los papeles ya han recuperado lo perdido desde el comienzo de la crisis. A su vez, destacan que un crecimiento futuro estará supeditado a lo que ocurra en Wall Street y a las expectativas de que sigan dándose noticias positivas en el país como un acercamiento al FMI y un acuerdo con los holdouts.
“El mercado extranjero en algún momento va a pegar una agachada y la Bolsa local no va a estar ajena a eso. Hay que ser muy selectivo y ser consciente de que afuera puede haber una corrección y que si la Argentina no presenta las noticias positivas que se esperan, también puede caer”, afirma Maubré.
Sabrina Corujo, analista de Portfolio Personal, concuerda y destaca que ve “un escenario en el corto plazo que puede estar más presionado por la volatilidad externa. Pero en el mediano plazo, puede ser atractivo pero siempre siendo selectivo”. Entre los papeles que podrían servir como alternativa señala los de “algunos bancos, Edenor o Pampa Energía y Tenaris”.
En tanto, para la responsable de Asset Management de Cohen Sociedad de Bolsa las acciones que prefiere son las “más rezagadas de la segunda línea que presentan un retraso, como IRSA, Siderar, Edenor, Indupa”.

La renta fija
Los bonos argentinos fueron noticias en los últimos meses por los rendimientos que ofrecían a los inversores que apostaban a que se evitaría caer nuevamente en una cesación de pagos. Así, llegaron a obtenerse tasas superiores al 70%, algo que en tiempos de tipos de interés cercanos a cero en los Estados Unidos resulta difícil de conseguir en otros lados.
Sin embargo, las noticias vinculadas al acercamiento del gobierno con el FMI y la decisión de presentarles una nueva oferta de renegociación de deuda a los holdouts, hizo que los precios de los títulos locales se dispararan, con lo que también cayeron sus rendimientos. “Si mirás los bonos de la deuda soberana, están con una TIR del 10%, han hecho un largo recorrido y algunos hasta han cambiado un 100% en un mes”, destaca Holand.
Sin embargo, los especialistas destacan que hay algunas alternativas, siempre en pesos, que pueden ser atractivas para los inversores que buscan ganarle unos puntos extras a su dinero. “Hay algunos que te pueden dar rendimientos interesantes, como los de la parte media de la curva. Uno de ellos es el Bogar 2018 que es uno de los que más me gustan y está rindiendo un 15% más un CER del 7%, o sea, cerca de 22%. Otras opciones son el PRO12 o PRE9 que te garantizan un 12% más CER, y un flujo de amortización a intereses para quien quiere que le vaya dando un poco de plata todos los meses”, afirma Corujo.
Por otra parte, para quien esté pensando en el corto plazo se puede optar por “alguna Letra de la ciudad de Buenos Aires que está entre 14%, pero son para aprovechar saldos ociosos”.
Por su parte, Maubré destaca que entre los bonos locales prefiere “el Cupón del PBI en pesos y el PRE9 que están dando un rendimiento cercano al 15% y como devengan CER, ofrecen un pago permanente”.

Otras alternativas
Una de las opciones más buscadas por los inversores como refugio en los últimos tiempos ha sido el oro que ha batido todos los récords luego de superar los 1050 dólares por onza. Sin embargo, la pregunta que suelen hacerse tanto los especialistas como los ahorristas es hasta cuándo seguirá creciendo.
“Puede ser una alternativa de mediano plazo, pero con dudas porque ya aumentó un 80%. Ahora, está de moda estar contra el dólar y no creo que a mediano plazo esto se mantenga y mucho menos la fortaleza del euro. Su cotización es el reflejo del arrugue del dólar, así que si se recupera un poco no sé qué va a pasar con el oro”, afirma Holand.
Maubré coincide en este último punto pero agrega que el metal todavía tiene un camino alcista para recorrer en el mediano plazo, debido a las expectativas de inflación que hay en los Estados Unidos. “Mientras el dólar se siga desvalorizando, puede haber una oportunidad para la revalorización del oro. Si hace un ajuste por inflación de su precio todavía tiene un recorrido importante que podría superar los 1500 dólares la onza en el mediano plazo”.
Además de este metal existen otras alternativas disponibles para los que buscan posicionarse en commodities. El director de HR Global señala como una opción atractiva al platino, la plata y al petróleo, a lo que le sumaría el sector inmobiliario. “Hay una alternativa que hay que mirar con cuidado: comprar al pozo en la Argentina a construir. Se puede obtener un 20 o 25% en dos años”, señala.
En tanto, Moubré destaca que en tiempos como los actuales “hay que estar en pesos y en tasas”. Para esto, prefiere optar por los cheques garantizados de pago diferido, los fideicomisos financieros, las opciones y los futuros de dólar a seis meses que cotizan en el Rofex.
“Los cheques de pago diferido garantizados en la Bolsa a plazos de cuatro a seis meses están dando tasas del 15%. También, podés buscar fideicomisos financieros a cuatro o cinco meses que tienen tasas de 18% para arriba – resalta -. Para el que es un poquito más avezado, puede incursionar en el Rofex con los futuros de dólar y algunos más riesgosos con estrategias con opciones que dan tasas del 25% al 30%”.
Más allá cualquiera de estas alternativas lo que aún está por verse es cómo resolverá el Gobierno los problemas económicos y financieros que tiene por delante. De eso, dependerá que estas inversiones sean viables y, especialmente, que el dólar siga planchado en los niveles actuales.

sábado, 20 de junio de 2009

¿Se terminó la crisis en los Estados Unidos?

La crisis en los Estados Unidos tocó fondo y su económica ha comenzado lentamente a recuperarse. Si bien esta afirmación carece de datos concretos que prueben su veracidad, al menos, ese el sentimiento que está impulsando a los mercados financieros a subir en forma meteórica desde marzo.
Lo que ocurre es que las Bolsas de todo el planeta están viendo la tan esperada luz en el fondo del túnel y eso desató una euforia que ha sorprendido a los inversores ya que los indicadores macroeconómicos aún muestran que la situación es delicada, aunque las perspectivas son mucho más optimistas. “Hemos estado viendo que hay una pequeña luz al final del túnel. Es tenue pero se está tornando más brillante y, por eso, los precios de las acciones han llegado hasta aquí tan rápido”, afirma Christopher Hyzy, gerente de inversiones del Bank of America.
Esto desató una fiesta que parece no tener fin, en la que se celebra que lo peor de la crisis ya pasó y que en los próximos meses podrían a verse los primeros síntomas de recuperación. “Los mercados siguen eufóricos por que los datos de la economía son menos malos de lo que se esperaba. Eso ha llevado al S&P 500 y al Dow Jones crecer desde hace tres meses, a pesar de que la crisis continúa en los EE.UU.”, destaca Eduardo Fernández, analista de Rava Sociedad de Bolsa.
En tanto, Gustavo Neffa, profesor del MBA de la Universidad de Buenos Aires, resalta que “los mercados están festejando que salieron de la crisis de una forma distinta que en los años ’30”, mientras que Javier Epstein, director de JPE Capital Management, señala que “más que fiesta, los mercados están intentando recuperarse de la resaca de la anterior. Generalmente, cuando hay una crisis tan grande, tienden a matar un poco las ganas de estar de fiesta”.
No es para menos, Wall Street detuvo las caídas que venían arrastrando desde octubre de 2007 y empezó a crecer en forma desenfrenada. Así, el índice Dow Jones, subió un 32,60% y el S&P 500 un 38,16%, desde que tocaron su mínimo en marzo.
“Todo esto es un rally basado en las expectativas. No podés convalidar esta suba por algún indicador que no sea un dato de confianza que haya dado bien, porque las cifras reales son malas”, sostiene Neffa.

Rendimiento (%) del Dow Jones y S&P 500 en 2009
Fuente: Mercado

Los datos que han incentivando a los mercados están vinculados a las expectativas de los estadounidenses sobre la economía. Así, en mayo, el sentimiento del consumidor aumentó a su nivel más alto desde septiembre de 2008 y la confianza del consumidor alcanzó su mayor registro de los últimos ocho meses.
Sin embargo, los analistas se preguntan hasta cuánto va a durar esta fiesta ante la ausencia de indicios concretos de que el PBI se esté recuperando. “Esta tendencia puede continuar en lo que resta del año, aunque habrá que ver cómo salen los resultados de las empresas para saber si el impulso va a ser aún mayor”, afirma Fernández.
En tanto, Marcelo Elbaum, director de Convexity Asset Management, destaca que “se están esperando nuevas pruebas de que la economía realmente se está recuperando. Si los datos siguen mejorando, posiblemente haya subas, y si no pueden volver a bajar”.
Leo Grohowski, gerente de inversiones del Bank of New Mellon Wealth Management es más pesimista. “Esperar que esto continúe moviéndose hacia adelante y hacia arriba sería irrealista. Sería saludable para el mercado tomarse un respiro y permitir que algunos de los fundamentals se pongan al día”, resalta.
Hayes Miller de Baring Asset Management concuerda y agrega que “las estimaciones sugieren que las acciones no tienen mucho más para correr porque están bastante valuadas. El crecimiento de las ganancias para 2009 y 2010 no puede sostener los precios mucho más arriba de lo que están actualmente”.

La economía real
Más allá de la euforia que viven los mercados, el estado de la economía de los EE.UU. es preocupante ya que el consumo, su principal motor, está virtualmente parado y el desempleo se sigue incrementando.
Según una encuesta de la agencia Bloomberg entre especialistas, el PBI caerá un 2,8% este año. El último dato conocido muestra que se derrumbó un 5,7% en el primer trimestre, algo mejor que el 6,3% registrado en el período anterior.
“Las cosas están muy feas hoy por hoy. Los EE.UU. van a caer fuerte en 2009 como no lo hizo en muchos años”, sostiene Neffa. En ese sentido, Nöel Duguet, presidente de Aravis Capital Advisers, afirma que “la economía parece aún estar contrayéndose, pero no muy lejos de su piso. Tal vez, ya lo está”.
José Coutiño, director para América Latina de Moody's Economy.com concuerda y agrega que “las señales aún son muy débiles e incluso mixtas, para ser tomadas como una recuperación genuina. El principal reto es lograr sostenerla para evitar una recaída”. En tanto, Xavier Mena, profesor de Economía de ESADE Business School sostiene que “la economía sigue inmersa en una coyuntura de ajuste de la actividad”.

PBI de losEstados Unidos 1979-2009
Fuente: Bureau of Economic Analysis

Sin embargo, la desaceleración en la caída del PBI y en el ritmo del desempleo son señales alentadoras que hacen pensar que la situación podría mejorar en los próximos meses. “La economía pareciera estar estabilizándose. Los datos continúan mostrando una disminución de crecimiento en términos año a año, pero muestran una tendencia positiva mes a mes”, afirma Alberto Bernal, jefe de Research de Renta Fija de Bulltick Capital Markets en Miami.
Epstein concuerda y agrega que “los datos son menos malos. Hay indicadores micro y macro que fueron mejorando y parecieran mostrar que lo peor ya pasó”. Para medir el estado en el que se encuentra la economía hay que analizar tres datos esenciales que impactan de lleno en el PBI: desempleo, consumo y actividad de la construcción.

La desocupación
Este es uno de los factores más problemáticos para la administración de Barack Obama ya que impacta de lleno en el consumo, aunque no se trata de su mayor desafío. “Una menor tasa de pérdida de empleo no es nuestra meta. Menos mal, no es cómo vamos a medir el éxito”, afirma el vicepresidente Joe Biden.
Sin embargo, los últimos datos han demostrado cierta mejoría ya que las nóminas de despidos se redujeron de 504.000 a 345.000 en mayo, su menor cantidad desde septiembre. “Es una noticia alentadora. La recesión está muy cerca de su final. El mercado laboral está bastante horrible, pero mucho mejor que antes”, afirma Nariman Behravesh, economista jefe de IHS Global Insight.
Así, el desempleo creció a 9,4% el mes pasado, su nivel más alto desde 1983, con lo que se han perdido 6.788.000 puestos de trabajo desde el comienzo de la recesión, aunque serían 14,51 millones las personas con problemas laborales. El consenso del mercado señala que la desocupación podría alcanzar el 10% a fin de año y llegar al 10,7% en el segundo trimestre de 2010 y recién volver a niveles normales en 2013.

Tasa de desempleo 1970-2009
Fuente: Bureau of Labor Statistics

El gasto doméstico
El consumo es de suma importancia para la economía de los EE.UU. ya que representa dos tercios de su PBI pero, a su vez, es uno de los más afectados por la crisis. Si bien se había recuperado en el primer bimestre, luego, volvió a caer aunque a un ritmo menor al de 2008.
“Enero y febrero fueron muy raros porque mostraron un crecimiento en medio de la caída de los mercados, por la liquidación de stocks. En marzo y abril, salieron datos horribles. Esto significa que el consumo está mal y se retroalimenta negativamente con lo que está pasando con el mercado laboral”, afirma Neffa.
En abril, el consumo se redujo un 0,1% y algo mejor que la caída del 0,3% que había tenido en marzo, a pesar de la recuperación que está habiendo en la confianza de los estadounidenses. “Los consumidores se sienten mejor acerca de la economía, pero sus gastos aún no se han puesto al día aún y no queda claro que sea porque los ingresos se encuentran bajo presión”, sostiene Jonathan Basile, economista de Credit Suisse Holdings.
El mayor impacto proviene de la tasa de ahorro de los hogares que está creciendo por el temor a lo que pueda ocurrirles en el futuro. “El consumo está cayendo, el mercado laboral está dando mal y no permite ver una baja en las tasas de ahorro, y que los hogares se empiecen a endeudar. En la actualidad, se están desendeudando. Uno toma créditos cuando ve buenas perspectivas de la economía, no malas”, afirma Neffa.

El mercado inmobiliario
Este sector es el más perjudicado por la crisis, además de haber sido el que hizo estallar la economía de los EE.UU. Si bien hay indicios de que estaría empezando a recuperarse lentamente, aún los datos son desalentadores. “El mercado de la vivienda está mostrando algunos signos de tocar fondo, con ventas de casas nivelándose y comenzando a recuperarse en algunas regiones, aunque desde niveles muy deprimidos”, destaca un informe del Deutsche Bank.
Así, la venta de viviendas pendientes subió un 6,7% en abril, su mayor incremento desde 2002. De esta forma, la recuperación se extiende por cuarto mes en los últimos cinco debido a que la caída de los precios, las bajas tasas para hipotecas y el programa de crédito del gobierno atrajeron a los compradores. “La venta de viviendas se está estabilizando. Hemos dejado de caer, pero hasta el momento hay pocos indicios de que hemos empezado a recuperarnos”, afirma Zach Pandl, economista de Nomura Securities International.
Esto contrasta con el aumento del 0,3% en las ventas de nuevas viviendas registrado en abril, que se dio a un ritmo anual de 352.000 operaciones, debido a los bajos precios y a la mayor demanda de financiación barata.
Más allá de esto, las operaciones se redujeron un 38% a 297.000 unidades en forma interanual, lo que representa su menor registro desde mayo de 2001. “Los inicios de viviendas nuevas y los permisos de construcción están dando horribles, cayeron estrepitosamente. Las obras están paralizadas”, sostiene Neffa.
El valor de las viviendas es otro de los indicadores en caída que muestra que aún no se ha tocado fondo. Así, el índice S&P/Case Schiller, que mide los precios en las veinte ciudades más grandes del país, se derrumbó el 18,7% en marzo.
“No vemos evidencias de que haya comenzado una recuperación en los precios de las viviendas”, dice David Blitzer, presidente del comité del índice en S&P. No es para menos: el costo de las propiedades llegó a su piso desde 2001 cuando aún no había comenzado la burbuja inmobiliaria.
“Vemos una alta tasa de ejecuciones futuras que depreciarán los precios de las viviendas hasta bien entrado 2010. Pero el tono general del mercado debe comenzar a mejorar notablemente a medida que avancemos en 2010”, afirma el Deutsche Bank.

Perspectivas para el futuro
Los datos de la economía siguen sin dar una señal clara de que la crisis ha llegado a su fin. Sin embargo, los mercados no paran de crecer. Si bien esto podría sonar contradictorio, los especialistas sugieren que las Bolsas suelen anticipar tanto la entrada como la salida de una recesión.
“Si tomamos las diez recesiones desde la Segunda Guerra Mundial, la Bolsa las anticipó en un promedio de siete meses antes de que se declararan y, desde el punto más bajo de los mercados, tardó un promedio de seis meses”, afirma Michael Wiggins, director Internacional de Charles Schwab.
Como el PBI muestra lo que ocurrió en el trimestre anterior, su nivel actual recién se conocerá en agosto, por lo que habrá que esperar hasta entonces para saber si la percepción del mercado sobre la recuperación era cierta. Más aún, habrá que aguardar hasta 2010 para confirmar si la salida de la recesión se dará septiembre-octubre como auguran los especialistas.
“Los que lo ven en el cuarto trimestre son los que están aplicando la famosa regla de que seis meses antes hay que salir a comprarse todo porque históricamente fue así. Para mí, el punto de inflexión va a estar entre noviembre y diciembre, y para los mercados entre septiembre y octubre”, afirma Neffa.
Epstein concuerda y agrega “el consenso es que va a haber un crecimiento positivo del PBI para el tercer o cuarto trimestre de este año, pero es un poco optimista. En el mejor de los casos, se va empezar a dar a final de este año”.
Bernal, en cambio, es más optimista. “El primer número positivo de crecimiento se va a ver en el tercer trimestre. Estamos en el punto de inflexión. Si no hay una catástrofe bancaria nueva, podríamos comenzar a argumentar que la recuperación va a ser más duradera de lo que se espera hoy en día”, sostiene.
Más allá de esto, los especialistas estiman que el crecimiento del PBI que se verá el año próximo será a una tasa inferior a la que suele tener el país. “En el mediano plazo, la economía se va a recuperar y volverá a crecer en 2010, pero por debajo de su potencial del 3%. No pasás de casi depresión a crecimiento económico sostenido tan rápido, especialmente cuando hubo una crisis financiera que acentuó el daño”, resalta Epstein.
Más allá de esto, son pocos los que se animan a arriesgar cuál será el sector que dará las primeras señales que sentencien el final de la crisis. La destrucción fue de tal magnitud que, posiblemente, las primeras alertas sean muy tenues y comiencen a hacerse más fuertes en 2010.
“Cuando el desempleo comience a decrecer, estaremos seguros de que la crisis se terminó. Tendremos un mejor panorama cuando aumente el gasto de capital y los precios suban a una tasa más rápida, al igual que el consumo”, arriesga Duguet.
En tanto, Coutiño destaca que “se necesita una reducción más notable en la velocidad de caída de los sectores productivos, sobre todo en el de vivienda y construcción. Es importante empezar a ver que los precios de las propiedades dejen de bajar y se recuperen lentamente hacia fin de año”.
Desde el Gobierno intentan moderar las expectativas para evitar sofocones en el futuro. El propio secretario del Tesoro, Timothy Geithner le puso paños fríos a la situación. “La economía claramente se ha estabilizado. El ritmo de declive en la mayoría de las medidas sobre la actividad se ha desacelerado bastante y ese es un comienzo importante. No se va a sentir mejor por un tiempo para millones de estadounidenses”, advierte.
Algo similar opina el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman. “En algún sentido, podremos haber pasado lo peor, pero existe una gran diferencia entre estabilidad y retomar el terreno perdido. Hemos evitado la catástrofe absoluta pero, ¿cómo logramos una recuperación real?”, afirma.
Incluso, Obama sostiene que hay “ciertos indicios de que los engranajes del motor económico de los EE.UU están comenzando a funcionar.”, aunque destaca que “están lejos de ser satisfactorios” y que “llevará tiempo hacer que esta economía repunte”.
Uno de esos grandes problemas a resolver está vinculado con el déficit fiscal y la inflación que puede generar la emisión de dinero que realizó el Gobierno para salvar a los bancos y a otras compañías de la quiebra.
“A menos que demostremos un firme compromiso con la sostenibilidad fiscal en el largo plazo, no tendremos ni estabilidad financiera ni un saludable crecimiento económico. Mantener la confianza de los mercados financieros requiere que nosotros, como nación, empecemos a hacer planes ahora para la restauración del equilibrio fiscal”, resalta el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke.
Así, economistas como Nouriel Roubini advierten que si no se solucionan estos problemas podría producirse una nueva recesión el próximo año. Por esta razón, Mena concluye que “la coyuntura económica sigue discurriendo por un túnel y todavía es demasiado pronto para dilucidar si las luces que se empiezan a verse son de la salida o la de los faros de un camión de alto tonelaje que viene a arrollarnos”.


RECUADRO
La crisis local
La euforia que se vive en las Bolsas estadounidenses contagió al mercado local de tal forma que superó los niveles de crecimiento registrados en Wall Street. Así, el índice Merval subió el 44,44% en lo que va del año, aunque lleva ganado un 90.36% desde que tocó su piso el 20 de octubre de 2008.
“La suba del Merval tiene que ver, pura y exclusivamente, con seguir la tendencia de lo que está ocurriendo en la Bolsa de Nueva York y, también, en otros países emergentes como Brasil. La crisis política en el país no la está afectando, por ahora, por lo menos hasta las elecciones”, resalta Fernández.
Elbaum concuerda y agrega que esto “tiene que ver con los mercados relacionados al petróleo que vienen con un viento de cola externo y a los bancos que crecieron un montón por la tenencia de títulos públicos que también subieron, más un efecto contagio proveniente de afuera”.

Rendimiento del Merval en 2009
Fuente: Mercado


Sin embargo, la situación de la economía dista mucho de ser la ideal a lo que se suma la incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir en el país después del 28 de junio. De cualquier forma, los últimos incrementos en los precios de las materias primas le dieron una bocanada de oxígeno al gobierno para cerrar mejor las cuentas fiscales y sacarle un poco de presión a la cotización del dólar.
“Con la renovación del incremento de los precios de los commodities, la situación de la Argentina se ve mucho mejor. El efecto multiplicador de los mayores precios de las materias primas va a ayudar a mejorar la dinámica de crecimiento”, afirma Bernal.
En tanto, Mena destaca que la economía del país “afronta problemas coyunturales derivados de la crisis financiera internacional, que se agravan por los de naturaleza doméstica, aunque la escasa credibilidad de algunos indicadores económicos oficiales dificulta el análisis económico independiente”.
Por su parte, una fuente de un importante banco local afirma que “el primer semestre fue de parate en función negativa de la actividad económica, de muchas cosas negativas como el adelantamiento de las elecciones, el arrastre de la confiscación de los depósitos del año pasado, y el recrudecimiento de la pelea con el campo. Todo eso no es gratis”.

El futuro
El punto de inflexión para la economía estaría en el segundo semestre, a pesar de lo que diga el INDEC, según la mayoría de los especialistas, que están a la expectativa de ver qué es lo que va ocurrir luego de las elecciones del 28 de junio. Sin embargo, todos dan por sentado que el gobierno perderá la mayoría en ambas cámaras del Congreso.
Algunos son más pesimistas, como el ex ministro de Economía Domingo Cavallo que desde su blog afirma que “independientemente del resultado electoral, es inevitable que el boleto de subte, de los viajes en tren y de los colectivos van a tener que duplicarse. Lo mismo va a ocurrir con el precio de la electricidad, el gas y el agua para todos aquellos hogares que aún no sufrieron fuertes aumentos. Los precios del pan, las pastas y los alimentos de origen animal también van a aumentar porque escaseará el trigo y la reducción del stock ganadero hará sentir su efecto sobre el abastecimiento de leche y de carne. Todo esto ocurrirá porque el Gobierno, cualquiera que sea el número de legisladores con los que cuente en el Congreso Nacional, ya no tendrá financiamiento para los multimillonarios subsidios con que ha venido compensando, parcialmente, la diferencia entre los costos de producción y los precios de todos estos bienes y servicios”.
La mayoría de los economistas destaca que el país tendrá una caída de entre el 2 y 3% en el PBI y aún podría mantenerse en este escenario durante 2010 aunque a tasas inferiores. Para ellos, la salida de la recesión va a depender más que nada de lo que pase en el exterior ya que los problemas internos tienen una solución más compleja.
“La recuperación va a depender de que crezca el consumo y que de afuera se salga mejor de lo que se pensaba el año pasado. La paralización que hubo en el primer semestre es muy difícil que se vuelva a dar en el segundo”, afirma la fuente.
Por su parte, Bernal destaca que la mejora estará supeditada a “los precios de los commodities, y a la capacidad del Banco Central para ‘organizar’ una devaluación ordenada a niveles cercanos a cuatro pesos por dólar”.
Finalmente, Coutiño señala que “el caso argentino dependerá más de la habilidad del gobierno para generar los recursos financieros y poder financiar las cuentas públicas hacia el 2010, o bien implementar un ajuste económico que llevaría a una recuperación más lenta”.

Los mercados internacionales siguen de fiesta

El clima de euforia que se vive en las bolsas internacionales es cuanto menos desconcertante debido a la situación en la que aún se encuentra la economía global. Si alguien despertase en estos días luego de estar dos años inconsciente, le sería muy complejo entender que el mundo está atravesando la peor crisis financiera desde la Gran Depresión después de ver las tasas de crecimiento de los principales índices accionarios en el último trimestre.
Sin embargo, todo tiene una explicación. Los mercados están de fiesta porque sienten que lo peor ya pasó y que en los próximos meses se pueden llegar a ver los primeros síntomas de recuperación de la economía, aunque estos sean muy leves.
“Los mercados afuera siguen eufóricos por que los datos que se van conociendo de la economía son menos malos de lo que se esperaba – afirma Eduardo Fernández, analista de Rava Sociedad de Bolsa -. Si bien el desempleo sigue creciendo, lo está haciendo a tasas cada vez menores, al igual que la caída del PBI. Eso está llevando al S&P 500 y al Dow Jones a que no paren de crecer desde hace tres meses a pesar de que la crisis económica continúa en los Estados Unidos”.
Marcelo Elbaum, director de Convexity Asset Management, concuerda. “Lo que se está viendo es que muchos indicadores parecieran mostrar que la crisis está estabilizándose. Se desaceleró la caída. El mercado empezó a pensar que lo peor ya pasó y se perdió el miedo de que quiebren más bancos”, sostiene.
No es para menos, Wall Street detuvo las caídas que venían arrastrando desde octubre de 2007 y empezó a crecer en forma desenfrenada. Así, el índice Dow Jones, subió un 32,60% desde que tocó su mínimo el 9 de marzo y el S&P 500 un 38,16%, desde el 6 de marzo.
“Todo esto es un rally basado en las expectativas. No podés convalidar esta suba por algún indicador que no sea por un dato de confianza que haya dado bien, ya que las cifras reales dieron mal”, sostiene Gustavo Neffa, profesor del MBA de la Universidad de Buenos Aires.

Rendimiento (%) del Dow Jones y S&P 500 en 2009
Fuente: mercado

Los datos que vienen incentivando a los mercados están vinculados con las expectativas de los estadounidenses. Así, en mayo, el sentimiento del consumidor aumentó a su nivel más alto desde septiembre de 2008 y la confianza del consumidor alcanzó su mayor registro de los últimos ocho meses.

El mercado local
La euforia que se vive en las Bolsas estadounidenses contagió al mercado local de tal forma que superó los niveles de crecimiento registrados en Wall Street. Así, el índice Merval subió el 44,44% en lo que va del año, aunque lleva ganado un 90,36% desde que tocó su piso el 20 de octubre de 2008.
Según los especialistas, esto se debe que los operadores locales están siguiendo la tendencia alcista que se vive en todo el mundo, especialmente en Nueva York y Brasil, y han dejado de lado la crisis política y económica que está afectando al país.

Rendimiento del Merval en 2009
Fuente: Mercado

“La suba que está teniendo el Merval tiene que ver pura y exclusivamente con seguir la tendencia de lo que está ocurriendo en la Bolsa de Nueva York y, también, en otros países emergentes como Brasil. La crisis política en el país no la está afectando, por ahora, por lo menos hasta las elecciones”, resalta Fernández.
Elbaum concuerda y agrega que “en la Argentina, la suba tiene que ver con los mercados relacionados al petróleo que vienen con un viento de cola externo y a los bancos que crecieron un montón por la tenencia de títulos públicos que también subieron, más un efecto contagio proveniente de afuera”.
Esto puede verse en el desempeño que tuvieron las principales acciones que componen el Merval en lo que va del año. Así, los dos papeles que mejores rendimientos mostraron desde enero hasta fin de mayo fueron Petrobras (96,67%) y Tenaris (50,28%), ambas vinculadas con la escalada que viene teniendo el precio del crudo.
Por otra parte, los bancos también mostraron importantes alzas en el mismo período impulsados por la recuperación de los bonos soberanos argentinos que tienen en sus carteras. Así, la suba la encabezó Banco Macro (48,75%), seguida por BBVA Banco Francés (41,58%), Grupo Financiero Galicia (34,52%) y Banco Patagonia (27,56%).

Rendimiento de las acciones del Merval en 2009
Fuente: Mercado


El futuro
La pregunta que se hacen los inversores es hasta cuánto va a durar esta fiesta en los mercados. En lo que respecta al país, los especialistas se juegan a hacer pronósticos hasta el 28 de junio, pero son pocos los que se atreven a predecir lo que pueda llegar a pasar luego de las elecciones. La mayoría señala que la tendencia actual puede continuar durante este mes, especialmente, si ocurre algo similar en Nueva York.
“Si el escenario internacional no es malo, se puede sostener la suba de la Bolsa local hasta las elecciones aunque se va a ralentizar todo porque la gente suele tomar una posición un poquito más cauta ante estos eventos, se retrae un poco”, afirma Elbaum. La gran duda es qué pasará después del 28 de junio.
“Es difícil predecir a qué niveles llegará el Merval a fin de año por todas las cosas que pueden ocurrir. Habrá qué ver qué es lo que pasa con la situación política del país ya que el resultado está descontado: Kirchner va a perder la mayoría en el Congreso – señala el analista de Rava -. Por la situación, el Merval se va a amesetar un poco y, posiblemente, se separe de la tendencia alcista que viene desde afuera y hasta puede que caiga un poco”.
En cambio, cuando se habla del mercado internacional el panorama parece estar un poco más claro, a pesar de la falta de indicios concretos de que economía estadounidense se esté recuperando.
“Esta tendencia puede continuar en lo que resta del año, aunque habrá que esperar a ver cómo salen los resultados de las empresas para saber si el impulso va a ser aún mayor”, afirma Fernández.
Por su parte, Elbaum destaca que “se están esperando nuevas pruebas de que la economía realmente se está recuperando. Si los datos siguen mejorando, posiblemente haya subas, sino no, y pueden volver a bajar”.
Más allá de esto, las bolsas siguen eufóricas casi sin importarle la bancarrota de General Motors y Chrysler o que el desempleo amenaza con llegar a niveles del 11%, algo que puede resultar riesgoso para los inversores.
“Los mercados están festejando que salieron de la crisis de una forma distinta que en los años ’30. Están festejando que hicieron algo y eso les viene muy bien – destaca Neffa -. Los mercados son muy vivos: cuando hay más dinero, se puede alimentar otra burbuja. Con tasa cero, ¿esto no puede genera una? En algún lugar, está habiendo una burbuja”.
Epstein concuerda y concluye: “Más que fiesta los mercados están intentando recuperarse de la resaca de la fiesta anterior. Generalmente, cuando hay una crisis tan grande, tienden a matar un poco las ganas de estar de fiesta”.

Argentina: ¿Otra vez una crisis como en 2001?

Los fantasmas de la crisis de 2001 sobrevuelan las mentes de los argentinos cada vez que se profundiza la crisis en el mundo y, especialmente, en el país. Siete años después de la caída del presidente Fernando de la Rúa, la economía local está de nuevo en problemas.
Aunque hay muchas diferencias entre aquella situación y la actual, el ex-presidente Néstor Kirchner (2003-2007) se encargó de reavivar recientemente el temor de volver a caer en el abismo si el gobierno de su esposa, Cristina Fernández, pierde las elecciones legislativas el 28 de junio.
“Le quiero decir a todos los argentinos que nos escuchen, que tengan en claro que si no hubiera memoria y no tuviéramos la mayoría en el Congreso, la Argentina volvería a caer en el vacío y en la crisis de 2001”, advirtió durante la campaña con la que busca ser elegido diputado por la provincia de Buenos Aires.
Su amenaza cayó como un balde de agua fría en todos los sectores del país, incluso entre los partidarios del gobierno, porque la situación política y económica actual son totalmente diferentes de las de aquella época.
En el peor de los casos, lo que puede ocurrir el 28 de junio es que el oficialismo pierda la mayoría en el Congreso y la presidenta tenga que negociar con la oposición para poder aprobar sus leyes en el Parlamento.
Las últimas encuestas muestran a Kirchner ganando por sólo tres puntos de diferencia. Pero en otros distritos importantes, el gobierno está perdiendo por más de veinte. Así que probablemente, se quede sin el control de ambas Cámaras.
A la incertidumbre política se le suma el contagio de la crisis mundial y los problemas locales que afectan a la economía argentina. Así, la tasa de crecimiento del PBI pasó de un promedio del 7% en los últimos cinco años a un 1%, estimado para 2009 por el Banco Central.
Esto llevó a una caída de la confianza del consumidor que se vio plasmada en el aumento de los 17,5% en la cantidad de depósitos privados en dólares en el primer cuatrimestre, un refugio que suele utilizarse en el país cuando el futuro se torna incierto.
Más allá de esto, algunos se preguntan si esta crisis tiene algo de similar con la de 2001, como amenaza el ex-presidente, aunque la mayoría piensa que no.

Dos casos distintos
Ambas crisis tienen más diferencias que similitudes. La más importante es que la Argentina contaba, hace siete años, con una paridad uno a uno entre el peso y el dólar, por lo que tuvo que devaluar un 140% para estabilizar la situación en el país.
En la actualidad, el Banco Central controla la cotización de dólar mediante la compra o venta de divisas y ha dejado caer lentamente el peso un 15% en los últimos doce meses. También, dispone de las reservas suficientes para apoyar la moneda local, algo que no ocurría en 2001.
“El tipo de cambio tiene sus pequeños movimientos y no está encorsetado como en 2001. Si hay una oleada de desconfianza y una salida fuerte de capitales, se puede disparar el dólar, pero no al ritmo de la salida de la convertibilidad. No veo condiciones para eso”, afirma el ex-viceministro de Economía (2002), Jorge Todesca.
Por otra parte, el sistema bancario es más fuerte que hace siete años. En ese momento, la mayoría de los créditos y depósitos eran dólares, por lo que después de la devaluación todos pedían que se los devolvieran en la misma moneda, algo imposible. Los bancos hicieron lo propio con sus deudores, lo que provocó una alta tasa de incobrabilidad.
Ahora, la mayoría de los depósitos son en moneda local, algo que también ocurre con los préstamos. Por lo tanto, el impacto de una devaluación podría influir menos en la morosidad que en 2001.
“Tenemos un sistema financiero en pesos y no hay razones para una corrida bancaria. Si la hubiera, el Banco Central está en condiciones de soportarlo. Esto fue un elemento central en 2001 porque la gente retiraba dólares y los depósitos eran contra las reservas, así se perdieron 25% de los depósitos y el 40% de las reservas”, sostiene Todesca.

Crisis real
Más allá de estas diferencias, el temor de la población a volver al caos de 2001 sigue latente cada vez que se habla de crisis en el país, algo que el ex-presidente Kirchner busca capitalizar cuando lanza sus advertencias apocalípticas en los discursos de campaña.
Sin embargo, la situación y la percepción de la gente sobre la economía local dista mucho de la que había hace siete años cuando todos corrían a los bancos a sacar sus ahorros para convertirlos en dólares, y nadie sabía qué podía ocurrir al día siguiente. Por ese entonces, la anarquía política, económica y financiera rondaban la Argentina y decenas de miles de personas huían al exterior en busca de un horizonte mejor, entre ellos hacia Israel.
“La crisis de 2001 la sentí más fuerte porque estaba con la plata justa todo el tiempo y, a veces, ni siquiera me alcanzaba para vivir. Ahora, tengo dinero en el banco, no mucho, pero no me siento tan apretada”, afirma Valeria Behrend, quien administra el hostel Residencial Uno, en las cercanías de las Cataratas del Iguazú.
Algo similar le ocurre a Romina Tomeo, una empleada del instituto médico Halitus, en Buenos Aires. “En la crisis de 2001, tenía miedo, no sabía dónde estaba parada, porque no había un norte. Esta crisis la siento más relajada, si bien tampoco hay un norte, ya estamos acostumbrados”.
Sus percepciones coinciden con lo que están viviendo actualmente los comercios y la industria en el país y contrasta con lo que les tocó atravesar luego de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
“En 2001, vivimos una debacle, fue un desastre, no se vendía nada. Hoy vendo menos que el año pasado pero más que en 2007. Si tengo que llamar crisis a lo de 2001, hoy no estamos en crisis”, afirma Mariano Merbaum, director de La Parfumerie, una de las mayores cadenas de perfumerías del país.
Más allá de esto, la desaceleración en la economía ha empezado a sentirse con fuerza desde octubre de 2008, fruto de la crisis interna y externa, a pesar de lo que dicen los indicadores estatales, manipulados por el gobierno. Según los datos oficiales, la actividad creció un 2,3% mientras que las consultoras privadas afirman que cayó un 3,3%, en el primer trimestre.
Uno de los sectores más afectados es el consumo. Así, las ventas minoristas se desplomaron un 13,3% en abril frente al mismo mes del año pasado, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), algo que viene ocurriendo en forma continua desde marzo de 2008.
Algo similar mostró la confianza de los consumidores que está en su mínimo desde marzo de 2003, fruto de la incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir con la economía y el gobierno si éste llega a perder las elecciones el 28 de junio.
“Trato de no comprar tonterías, como antes del comienzo de la crisis. Aprovecho más las ofertas y tengo más cuidado con el dinero debido a la situación económica del país y la percepción de los problemas que puedan venir en el corto plazo por la crisis política”, dice Guillermo Fink Almirall, gerente de Verizon Business en Buenos Aires.
Tomeo concuerda. “Tuve que achicar lo que compro en el supermercado, reduje a cero las salidas, no tomo más taxis. La plata la uso para pagar los servicios y el supermercado”, sostiene.
Esta caída en el consumo se ve reflejada en las vidrieras de los comercios que han recurrido a todo tipo de ofertas para tentar a la gente a comprar. Sin embargo, pocos lo han logrado.
“Estoy vendiendo un 7% menos que el año pasado. La gente está con mucha incertidumbre, trata de gastar lo justo y necesario, está muy pendiente de las promociones. Con descuentos más violentos, el consumo aparece, porque aprovechan para abastecerse de todo lo que necesitan”, afirma Merbaum.
Algo similar ocurre en el rubro textil. Rodolfo Rosenberg, director de la cadena de indumentaria Desigual con nueve locales y fábrica propia, es pesimista con lo que pueda ocurrir en el futuro cercano y afirma que en los próximos meses van a cerrar más locales del rubro.
“La gente mira mucho qué comprar en este momento, busca más precio, viene mira, se da la vuelta y vuelve, o no. Las ventas van a seguir cayendo por lo que puede llegar a ocurrir en el país después de las elecciones”, detalla.
Lo cierto es que, a pesar de todos los males que aquejan a la Argentina, tanto políticos como económicos, ninguno se acerca a los que debió afrontar el país en 2001. Sin embargo, las huellas de aquella crisis aún persisten en la memoria de la gente que ante cada noticia negativa sale corriendo a cambiar sus pesos por dólares para cubrirse de lo que pueda ocurrir en el futuro y, por si acaso, los guarda debajo del colchón.

lunes, 25 de mayo de 2009

La otra crisis: los errores de los analistas en pronosticar lo que iba a ocurrir

La crisis financiera ha impactado de lleno en la confianza de los inversores y ese es un factor que aún no fue tenido demasiado en cuenta debido a lo vertiginosa que han sido las malas noticias en los últimos dos años. Por eso, en los mercados globales ya se habla de que nada volverá a ser igual que antes de que se desatara el tsunami de las hipotecas subprime en los Estados Unidos, a fines de 2007.
No es para menos, antes del derrumbe había casi un consenso unánime de que la Bolsa de Nueva York iba a seguir subiendo como venía haciéndolo desde hacía cinco años. El clima de fiesta interminable que se vivía en Wall Street se respiraba también Londres, Frankfurt, Hong Kong, San Pablo, Buenos Aires y otras tantas plazas del planeta.
“El mercado se sentía fenomenalmente bien, las rentabilidades en Wall Street eran espectaculares – afirma Carlos Olivieri, asesor financiero de Raymond James y ex director económico financiero de Repsol YPF en la Argentina -. Todo estaba demasiado bien. Había compañías que valían cifras que no estaban soportadas por sus fundamentals. Se compró mucha espuma en todo esto y, ahora, estamos viviendo la situación inversa: la del súper castigo”.
Gustavo Neffa, profesor de la Especialización en Mercado de Capitales de la Universidad de Buenos Aires, coincide. “Con el precio objetivo del mercado alcista apalancado y cinco años atrás de subas, la crisis era una realidad que nadie pensaba. En junio de 2007, ¿no te imaginabas un Dow Jones a 20.000? Quizás sí. Llegó a haber un libro que lo pronosticaba”, destaca.
La suba exponencial que tuvieron los mercados no hace más que corroborar la famosa sentencia del ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, cuando dijo que la Bolsa vivía una “exuberancia irracional”, en referencia a las fuertes alzas registradas en los ’90 durante la burbuja de las puntocom.
Lo que intentaba advertir el ex titular de la Fed era que en esa época, como ahora, se estaba entrando en una burbuja sin darse cuenta y que las consecuencias de su explosión perjudicarían a la economía de su país y del mundo.
“No hay más ciego que el que no quiere ver. Cuando uno observa lo que pasó, se da cuenta de que están todos los signos propios de una burbuja, con suba meteórica de precios y concentración de la actividad. Todo el mundo empezó a notarlo, pero lo que pasa es que no sabés cuándo va a explotar”, afirma Marcelo Elbaum, director de Convexity Asset Management.
Esa era la preocupación del ex titular de la Fed que sus sucesores no supieron o no quisieron ver. Según destaca el periodista Bob Woodward en su libro Greenspan, cuando les pidió a sus asesores que hicieran un estudio sobre si los EE.UU. se encontraban en una burbuja en los ’90, llegaron a dos conclusiones: “No se puede determinar de forma racional que uno se encuentra dentro de una burbuja. La burbuja sólo se puede percibir una vez que ha estallado”, resalta.
A su vez, agrega que el propio Greenspan explicó que prever su existencia “sería como contrastar el propio criterio contra millones de inversores, muchos de los cuales eran muy entendidos”.
Eso fue lo que pasó en esta crisis: la mayoría creyó que los mercados seguirían con su marcha alcista y, unos pocos predijeron la catástrofe que se avecinaba. “En octubre de 2007, quién decía que el mercado iba a caer un año seguido. Tampoco podías saber que iba a ser ni tan larga ni tan profunda. Muy pocos se dieron cuenta”, destaca Neffa.
Sin embargo, esto fue lo que ocurrió desde el 11 octubre de 2007, cuando el índice Dow Jones tocó su máximo histórico de 14.279,96 puntos. A partir de ese momento, los mercados empezaron a perder terreno hasta alcanzar su piso de 6.440,08 puntos, el 9 de marzo de 2009, lo que implica una caída de casi el 55% de su valor en 17 meses. En el medio, desaparecieron la mayoría de los bancos de inversión de los EE.UU.

Rendimiento (en puntos) del Dow Jones en los últimos 10 años
Fuente: Mercado

Si bien las pérdidas en el capital, provocadas por el derrumbe de las Bolsas, significaron un impacto importante para las millones de personas que tenían colocado su dinero en acciones, fondos de inversión y otros productos financieros, esta no fue la mayor desilusión que sufrieron por la crisis.
Existen otros dos factores que erosionaron más aún la confianza en los mercados de los inversores: los errores en los pronósticos de los grandes especialistas de las finanzas mundiales y la estafa de 65.000 millones de dólares que realizó el ex presidente del Nasdaq, Bernard Madoff.

Los oráculos del mercado
Una de las mayores decepciones que provocó esta crisis tiene que ver con las recomendaciones de inversión, tanto de parte de los asesores financieros como de los analistas que erraron sus pronósticos tanto a la hora de predecir la caída de los mercados, como en estimar los precios de activos (petróleo, soja, Dow Jones, etc.) y colocar una calificación crediticia a empresas y productos estructurados, como los vinculados a las hipotecas subprime que hicieron explotar el sistema financiero mundial.
“El presidente de Goldman Sachs dijo en una conferencia: ‘La confianza en la compañía va a tardar años en volver, toda esta década vamos a estar recomponiendo la confianza que teníamos antes’”, afirma Neffa.
En tanto, Elbaum sostiene que “fue devastadora la caída en la confianza de los inversores. Está muy minada porque hay mucha gente que perdió mucha plata y no quiere saber de nada con el dinero virtual. La desconfianza es un hecho, está en los mercados”.
Este es un tema por demás delicado ya que la mayoría de los pequeños y medianos ahorristas se vio decepcionada por sus referentes, a quienes seguían con fidelidad, y a los que aún no han encontrado forma de sustituir.
“Lo que se impone es la necesidad de no confiar en la evaluación de un tercero. Es decir, hago mi propio análisis porque ya no se puede confiar en nadie - afirma Olivieri -. Hay que buscar un asesor que lo guíe y tener cuidado de quién es. Hay mucha gente que no tiene la experiencia suficiente como para orientar y evaluar todos los riesgos”.
Por su parte, Javier Epstein, socio de JPE Capital Management y ex director asociado de Bear Stearns en New York, destaca que en el mundo de los asesores financieros hay que andar con mucho cuidado ya que esta “es una industria en la que hay muchos chantas. Tenés gente que habla mucho y que lee poco. Hay que tomar con pinzas muchos de los comentarios y usarlos sabiendo a quién van dirigidos”.
Los errores en las recomendaciones de los asesores llevaron a los inversores inexpertos a colocar su dinero en instrumentos riesgosos. El problema es que muchos de ellos formaban parte de bancos y agentes de agentes de Bolsa, y sus remuneraciones estaban vinculadas a las comisiones surgidas por las ventas de los productos que ofrecían sus compañías. Esto generó un conflicto de intereses.
“¿Querés darle tu dinero a un asesor independiente o a un banquero privado que trabaje para que el sueldo se lo pague la compañía, donde hay conflicto de intereses, donde te quiere ayudar pero, al mismo tiempo, tiene que pagar el colegio de los chicos y le ponen presión para que genere el 1 o 1,5% sobre los activos?”, se pregunta Epstein.
Una situación similar se dio entre los bancos de inversión que, por un lado, calificaban y emitían informes favorables de compañías, índices, commodities y hasta deuda de países, como la Argentina y, por el otro, administraban carteras de inversión de sus propios clientes y les ofrecían para que compraran estos mismos productos.
“No podés ser juez y parte. ¿Goldman Sachs de qué vive? De las comisiones que generan sus clientes con la rotación de carteras, y va a trabajar para que los portafolios se muevan. Entonces, un día va a dar un pronóstico para arriba, otro para abajo, porque su negocio es precisamente ese”, afirma Claudio Claudio Zuchoviki, gerente de Desarrollo del Mercado de Capitales de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.
Javier Salvucci, analista de Silver Cloud Advisor, concuerda y agrega que “la mayoría de los analistas trabajaba en bancos de inversión, entonces, era imposible que ellos mismos dieran pronósticos negativos del sistema financiero, por conflictos de intereses”.
En tanto, Neffa destaca que “el inversor tiene que saber que los broker y los generadores de información financiera son una industria y viven de las comisiones. Generalmente, los research están sesgados a favor de vender el producto. Esto deriva en mayores recomendaciones de compra que de venta de un determinado activo. Más allá de la coyuntura, siempre hay en promedio un 70% de recomendaciones de compra y un 30% de venta”.

El crecimiento eterno
Otro punto para comprender el porqué fallaron los pronósticos es el que podría denominarse la bola de nieve. O sea, los especialistas iban aumentando sus estimaciones de crecimiento para los mercados a medida que estos subían, sin pensar que, en algún momento, la tendencia podría terminarse.
Eso impulsaba a los inversores a querer sumarse a la fiesta, por lo que había que incentivarlos. Como dice una de las máximas bursátiles en Nueva York: “Los pesimistas generalmente no trabajan en Wall Street, porque no son capaces de vender acciones”. En esto coinciden todos los especialistas consultados por Perfil.
“Los mercados, al igual que los inversores, son pro-cíclicos. Cuando todo sube muy rápido y con dinero fácil, es mucho más fácil trazar objetivos, que la gente se los coma, y vender productos y research. La rueda sigue girando – afirma Neffa -. Los analistas corren detrás de los hechos, no delante. Ellos también son pro-cíclicos cuando, en realidad, tendrían que decir: tal cosa se está sobrecalentado, vendan; o si hay una oportunidad, compren”.
Elbaum coincide y agrega que “en general, los analistas, como todo ser humano, tienen un exceso de optimismo. Cuando las cosas van bien, piensan que siempre van a andar mejor. A todos les convenía porque había muchos intereses creados. Esto pasó en toda la historia, en todas las burbujas”.
Epstein concuerda en esto último. “Con los research pasa siempre lo mismo. En un momento eufórico, son un participante del mercado como cualquiera, se juegan por las puntocom o porque Amazon va a llegar a 300 dólares. Pero, también, son víctimas del ambiente que se vive y, a veces, victimarios porque se utiliza lo que dicen que va a pasar como si, fuese verdad”, resalta.
Eso llevó a que fueran pocos los analistas que se opusieron a la corriente de pensamiento reinante antes de la crisis. Entre los pocos casos, se puede destacar el de Meredith Whitney, la ex gerente de Oppenheimer & Co., y el del economista y profesor de la New York University, Nouriel Roubini. Sin embargo, no muchos los oyeron.
“Es muy difícil ver a algún analista ponerse en contra del mercado, porque lo más probable es que se lo lleven puesto. No obstante, había alguna que otra voz que se alzaba en contra de todo este ciclo y te ponía algunas causas que, a la luz de hace seis u ocho meses, por ahí, no eran del todo fundamentadas porque el ciclo estaba bastante firme”, afirma Salvucci.

El gran simulador
El otro tema que minó la confianza de los inversores fue la estafa de 65.000 millones de dólares realizada por el ex presidente del Nasdaq, Bernard Madoff, ya que dejó la sensación de que cualquier producto complejo puede tener detrás un engaño similar al suyo.
“Algo se quebró en la confianza en el sistema financiero. Me llegaban dos o tres productos estructurados por día para vender y circular y, ahora, ninguno - afirma Neffa -. Hoy no podés armar ningún producto medio raro y menos apalancado, porque no te lo compra nadie o te van a decir: ‘¿Quién está detrás, otro Madoff?’. La confianza se quebró y va a tardar muchos años en recuperarse”.
Una de las más perjudicadas por esta estafa fue la industria de fondos de cobertura (hedge funds). Así, en el primer trimestre de 2009, los clientes pidieron retirar 85.000 millones de dólares de estos instrumentos, según la firma Hedge Fund Research. Esta cifra no tiene precedentes en la historia y supera a los 50.000 rescatados en los últimos tres meses de 2008.
Pero para entender cómo llegó Madoff a estafar a tanta gente, hay que analizar tres factores esenciales que se conjugaron en este caso: la confianza, la codicia y la abundancia de dinero.
Sus décadas de experiencia como un exitoso agente de Bolsa, le permitieron alcanzar la presidencia del Nasdaq y ser en una de las personas más famosas de Wall Street. Con esa reputación intachable bajo el brazo, salió a ofrecerles a un selecto grupo de millonarios rendimientos exorbitantes con la seguridad de que su capital estaba resguardado.
Como siempre pagaba lo que prometía, su fama se fue esparciendo y cada vez más magnates pidieron entrar en el negocio tentados por las tasas y la confianza. Allí, es donde se conjugaron los dos primeros factores.
“Lo más impactante es cómo la gente usó cosas efímeras para decidirse a elegir. Muchos dijeron: ‘Si lo hace Fulanito y Madoff fue presidente del Nasdaq, debe estar bien’. Le dieron su dinero porque pagaba un poco más”, afirma Epstein.
Allí, aparece el tercer factor que tiene que ver con la “exuberancia irracional” de la que hablaba Greenspan, con la sobreabundancia de dinero que hacía subir los mercados hasta límites impensados. Nadie se quería quedar afuera de la fiesta por lo que dejaron de controlar en profundidad dónde invertían sus ahorros.
“Lo que pasó con Madoff no deja de ser otra dimensión de la desmesura en la que se creó liquidez y la imprudencia con la que se distribuyó – resalta Gustavo Cañonero, director gerente de Deutsche Bank en Nueva York -. No quiero decir que esto sea imposible en otro contexto, pero estaría dramáticamente limitado por un adecuada valuación del riesgo y la liquidez”.
Elbaum coincide y destaca que “en las burbujas aparecen todos los fraudes”. Mientras que Epstein subraya que “cuando pasan estas cosas, son síntomas de excesos. Es como dice Warren Buffet: ‘Cuando baja la ola se ve quién estaba nadando desnudo”. Acá, hubo mucha gente que estaba nadando desnuda”.

Con vista al futuro
¿Todos estos golpes habrán quedado registrados en la mente de los inversores para evitar volver a repetirlos en el futuro? La respuesta no es demasiado esperanzadora. “El inversor actual ya no es el de 2007. El de ahora va a tener mucho más cuidado con lo que le quedó, y será responsable de qué es lo que está haciendo y cómo lo está haciendo”, afirma Nilda de Boyrie, directora estratégica del Latin America Center de Charles Schwab.
Sin embargo, sus colegas argentinos son mucho más escépticos con las enseñanzas que puedan rescatarse, quizás por la experiencia que traen a cuesta por haber visto pasar numerosas crisis en el país y notar como las personas siempre terminan cayendo dos veces en el mismo error.
“El capital, el dinero no tiene demasiada memoria. Si no, nadie hubiera puesto plata de nuevo en Citigroup o en General Motors”, explica Salvucci. Neffa concuerda y agrega: “Los mercados suelen tener una memoria corta porque siempre hay una oportunidad para hacer plata. Mucha gente que tuvo bonos argentinos defaulteados volvió a comprarlos. Cuatro años después de reestructurar la deuda, tenemos idénticos problemas. Sin embargo, los quieren comprar porque ven un rendimiento atractivo que podría compensar el riesgo de tenerlos”.

RECUADRO
Pronósticos errados
Existen numerosos ejemplos de pronósticos errados de los analistas a la hora de predecir la crisis y sobre los valores que podrían alcanzar tanto los commodities como las acciones de las diferentes compañías.
Uno de ellos tiene que ver con el precio del petróleo. La estimación más jugada fue la que lanzó el analista de Goldman Sachs, Arjun Murti, el 5 de mayo de 2008 cuando afirmó que podría llegar a los 200 dólares por barril en los dos años siguientes.
“La posibilidad de 150-200 dólares por barril parece cada vez más probable en los próximos 24 meses, aunque predecir el último pico de los precios del petróleo, así como el resto de la duración del ciclo alcista sigue siendo un gran incertidumbre”, sostuvo.
En tanto, el Credit Suisse estimaba el 20 de mayo de 2008 que el crudo podría cotizarse a 150 dólares por barril para 2010. Si bien su valor llegó hasta los 147,27 el 11 de julio del año pasado, luego cayó en forma sostenida hasta los 40 dólares a principios de 2009, para finalmente recuperarse y estabilizarse en cerca de los 50, en la actualidad.


Cotización del petróleo (en U$S) en los últimos cinco años
Fuente: Mercado

Mirá quién habla
La capacidad de pago de la deuda del gobierno argentino está en la mira de los analistas desde hace varios meses. Razones no les faltan y las medidas de aumentar las retenciones al campo y estatizar las AFJP sólo ayudan a corroborar las presunciones que existen en Wall Street, aunque se mantienen cautos sobre lo que pueda ocurrir en el futuro.
Sin embargo, hubo un banco que el 13 de agosto de 2008 se jugó en anunciar que el país estaba al borde de la cesación de pagos: Lehman Brothers. Lo más llamativo fue que ellos terminaron presentando la bancarrota un mes después.
“Los mercados han comenzado a preguntarse si el país podría está al borde de otro default. Pocos participantes del mercados, si es que alguno, han olvidado los costos y el drama asociados al default anterior. Como resultado, los mercados están altamente sensibilizados”, afirmaba en su informe.
A su vez, sostenía que “la Argentina parece deslizarse rápidamente hacia una posición desfavorable con costos prohibitivos de financiamiento, en momentos en que el fondeo es cada vez más escaso”, aunque para atajarse, concluía diciendo que estimaba que toda reestructuración potencial de la deuda era “improbable hasta 2010”.

Mala nota
La tarea de las calificadoras de riesgo es estudiar la situación financiera en la que se encuentran las empresas y ponerles una nota. En base a eso, los inversores saben el nivel de seguridad que tiene la operación que van a realizar.
Sin embargo, en los casos de Lehman Brothers y AIG fallaron en advertirle al público que ambas compañías estaban en graves problemas y que colocar el dinero en ellas podría ser arriesgado. Por el contrario, las mantuvieron dentro del grupo de las más confiables.
El caso más resonante fue el del banco de inversión ya que la agencia Standard & Poor’s (S&P) lo calificó con una A (con un máximo de AAA), Fitch Ratings con A+ y Moody’s Investor Services con A2, en los primeros días de septiembre de 2008 y el 15 de ese mes se declaró en bancarrota.
Algo similar ocurrió con AIG: S&P y Fitch la calificaron con AA- y Moody’s con Aa3 y la aseguradora debió ser rescatada el 16 de septiembre por el gobierno estadounidense quien le inyectó 85.000 millones dólares para salvarla. Al día siguiente, las tres le redujeron la nota a A-, A y A2, respectivamente, y se la mantuvieron hasta la actualidad, a pesar de los continuos problemas financieros que sigue mostrando la compañía.

sábado, 9 de mayo de 2009

Alternativas para ganarle a la devaluación del dólar

La cotización del dólar es un termómetro del humor y la economía argentina desde hace décadas. Así, se convierte en el refugio preferido para los ahorros, especialmente, en momentos de incertidumbre local, sin importar lo que pase en el extranjero. La idea es huir de la pérdida de valor del peso.
La inestabilidad política provocada por el adelantamiento de las elecciones ha incrementado el clima de preocupación que se vivía en el país fruto de la crisis financiera mundial. Esto causó una mayor presión sobre el tipo de cambio se vio reflejada en la caída del 1,64% que tuvo la moneda local desde el anuncio realizado por la Presidenta.
Según un informe de M&S Consultores, “se llega (a las elecciones) con un mercado tenso porque la fuga de capitales sigue siendo elevada”, y con “un proceso de devaluación administrada, con el Banco Central más de las veces vendiendo que comprando dólares”.
Esta incertidumbre también se vio plasmada en el aumento de los depósitos en la divisa estadounidense que se viene dando en los últimos tiempos. Una vez más, los ahorristas eligen el billete verde como su refugio predilecto, esta vez para adelantarse a lo que pueda pasar el 28 de junio.
“Los depósitos en dólares del sector privado aumentaron 660 millones de dólares durante marzo y crecieron el 30% en el último año – sostiene el Banco Ciudad en su Informe Económico Semanal -. El deslizamiento del dólar en marzo generó desconfianza en la moneda local y afectó los depósitos en pesos”.

¿Seguirá subiendo?
La pregunta del millón es qué va a ocurrir con el dólar y si va a mantener su ritmo alcista del 7% que lleva desde enero, en los próximos meses. La duda se acentúa cuando se analiza cómo será el escenario para el mercado cambiario si el gobierno llegara a perder las elecciones.
Por el momento, nadie prevé que la divisa estadounidense se dispare después del 28 de junio, especialmente por el fuerte control e intervención que ejerce el Banco Central (BCRA) sobre las operaciones que se realizan en el país.
Según el Banco Ciudad, “el mercado todavía confía en la capacidad del BCRA para administrar una devaluación ordenada del peso. Pero, en las actuales circunstancias, no está claro cuánto durará la pax cambiaria preelectoral que permitió al BCRA recuperar oxígeno en las últimas semanas”.
Por su parte, M&S Consultores, sostiene que “pensando en el post-junio y en la duración de la recesión, el escenario más bien tiende a complicarse” y afirma que “3,70 pesos no es todavía el nivel `de equilibrio` de la economía”.
Algo similar opinan desde el Credite Suisse. “El Gobierno (a través del Banco Central) está permitiendo una depreciación del peso para apoyar el crecimiento y el empleo en los sector comercial. Creemos que esta política se mantendrá en su lugar hasta que el Banco Central perciba que el público tiene confianza en la moneda local”.
En tanto, el banco HSBC resalta en un reporte que “como en los noventa, la economía está una vez más embrujada por el fantasma de una divisa sobrevaluada con una limitada habilidad para llevar a cabo una política fiscal contra-cíclica”.
Estas opiniones se ven plasmadas, también, en las previsiones para la cotización del dólar de los distintos jugadores del mercado. Según cinco bancos y sociedades de Bolsa consultados por Fortuna, la divisa estadounidense se ubicaría en promedio en 4,03 pesos en diciembre de 2009.
Una cifra similar se desprende del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que realiza el Banco Central, que estimó que alcanzará, en promedio, los 4,10 pesos a fin de año.
Otro indicador que puede servir de referencia para medir el humor del mercado respecto al dólar es el precio del futuro del billete verde a diciembre de 2009. Así, el contrato negociado en el Rofex se encuentra en 4,045 pesos.
O sea, si se tiene en cuenta que la divisa estadounidense cotiza, actualmente, a 3,72 pesos, la devaluación sería del 8,33% en los próximos ocho meses, lo que implicaría una desvalorización anualizada del 12,50%.
Ante este panorama, la pregunta que surge es qué hacer para no perder poder adquisitivo frente al posible fortalecimiento del dólar en lo que queda del año. Para esto, existen diversas opciones que van desde adquirir directamente el billete hasta armar una cartera de inversión que, al menos, alcance este rendimiento.

Cotización del dólar frente al peso en doce meses
Fuente: Mercado

Para evitar que se escape
La forma más fácil y conservadora de asegurarse el rendimiento que puede llegar a darle el dólar en lo que queda del año es adquiriendo directamente los billetes. Sin embargo, hay algunas otras alternativas que pueden ofrecerle algunos puntos más en la tasa de ganancias, sin necesidad a ser tan agresivo.
Una opción es hacer un plazo fijo en dólares, que se ha se tornado, nuevamente, una modalidad escogida cada vez por más ahorristas. Allí, se puede obtener un tasa de hasta el 3% anual, a la que habría que sumarle lo que se obtenga por el tipo de cambio.
“Dentro de esta alternativa, se encuentran los que confían un poco en los bancos – afirma Alberto Onitsuka, asesor financiero y profesor del Centro de Capacitación para Inversores -. No es una tarea fácil, pero si uno observa la cantidad de depósitos en el sistema, llega a la conclusión de que son varios los que volvieron a volcar allí su dinero”.
Otra posibilidad es colocar un plazo fijo en un banco en pesos y, al mismo tiempo, adquirir dólar futuro en el Rofex con idéntico vencimiento, para evitar correr el riesgo de un desfasaje en el tipo de cambio.
Por ejemplo, si uno lo hiciera por el equivalente a 10.000 dólares a diciembre de 2009 a una tasa anual del 18%, obtendría al vencimiento 41.525 pesos. Al mismo tiempo, compra contratos a futuro a 4,03 pesos, a la misma fecha e idéntica cantidad de billetes verdes.
Al finalizar el año, si la divisa estadounidense llegara a ese valor habrá quedado cubierto de una eventual devaluación mayor y, al mismo tiempo, recuperará lo invertido en el plazo fijo y podrá cambiarlo a dólares en el mercado.
“De esta manera, se puede acceder a una inversión de bajo riesgo con una rentabilidad esperada en dólares cercana al 6% anual, aunque esta tasa varía día a día dependiendo de las condiciones del mercado”, afirma Onitsuka.
Finalmente, al que le guste tomar un poco más de riesgos puede comprar los contratos de dólar a futuro en el Rofex y esperar a ver qué pasa con la cotización del billete. En este caso, dependerá más del valor que haya elegido para ver si queda cubierto con la operación.
“Hay que tener en cuenta que en este tipo de operaciones, el mercado determina día a día las pérdidas o ganancias que se produjeron y obliga al inversor a cubrirlas en forma diaria”, destaca el asesor financiero.

Otras opciones
Una alternativa diferente para superar el rendimiento de comprar dólares y guardarlos debajo del colchón es armar una cartera de inversión que se ajuste a los niveles de riesgo que está dispuesto a correr.
Marcelo Elbaum, director de Convexity Asset Management y autor del libro Ser rico es posible, diseñó tres portafolios, especialmente para Fortuna, pensados en públicos diferentes (conservadores, moderados y agresivos), aunque su estimación es que el billete valdrá cerca de 4,75 pesos a fines de 2009.
Para los primeros, eligió posicionarse en tres activos: dólares, oro y plazos fijos a corto plazo. De esta forma, espera obtener un rendimiento cercano al 19,25% en pesos. “El oro rendiría 30%, porque supongo que la onza estará en 1000 dólares. A eso, le sumo la devaluación del peso, y algún plazo fijo de corto plazo”, afirma.

Cartera conservadora

En el caso de los que busquen un riesgo moderado, redujo la ponderación de los dólares y plazos fijos, pero mantuvo la del oro. A su vez, sumó bonos supranacionales y acciones de servicios en el exterior. Así, estima que se puede lograr una tasa del 22% en pesos.
“En la moderada, bajo la tenencia de dólares pero sólo a 50%, y lo que más incorporo son bonos supranacionales, como la Corporación Andina de Fomento que rinde 6% anual, y acciones de servicios y consumer staple que son las de menor riesgo”, señala el especialista.

Cartera moderada

Finalmente, para los que buscan más adrenalina, mantuvo la tenencia en dólares, redujo la de oro, las de acciones de servicios y plazos fijos, pero sumó papeles de países Emergentes y futuros de petróleo y euro. Así, espera obtener un rendimiento del 25% en pesos.
“En la agresiva, si bien mantengo el dólar en 50%, incorporo otro tipo de acciones, petróleo y euro. Esta cartera supone que bajará el riesgo en los mercados y se recuperarán para fines de año”, concluye Elbaum.

Cartera agresiva

miércoles, 29 de abril de 2009

Tres estrategias para afrontar la crisis

La crisis financiera ha golpeado a todos los sectores corporativos en mayor o menor medida. Existen pocos rubros que hayan salido indemnes de la caída de los mercados y del consumo global, la recesión en las principales economías del planeta y el creciente desempleo tanto en los Estados Unidos como en los demás países industrializados del mundo.
Ante este panorama poco alentador y con las perspectivas de los especialistas que indican que los problemas continuarán durante este año y, posiblemente, en parte del que viene, los empresarios han comenzado a implementar distintas estrategias para sobrellevar esta situación y lograr que sus compañías sobrevivan de la mejor forma hasta que la situación se normalice.
“El año de incertidumbre es este. Hay muy pocos optimistas que dicen que en 2010 se va a volver a crecer. Es demasiado temprano para decirlo, pero los efectos de la crisis seguro se van a sentir en 2010”, afirma Federico Eisner, socio de la consultora estadounidense Bain & Company.
Para intentar sobrellevar la crisis y mejorar el rendimiento de sus compañías de la mejor forma posible, los empresarios han salido en busca de asesores que los ayuden a analizar sus problemas e implementar soluciones viables.
“Todas se están planteando la forma de reestructuración, el tema de costos, qué tienen que hacer para seguir y tener una posición estratégicamente sólida”, destaca Eisner. Sin embargo, esta no es una tarea sencilla dada la complejidad de muchas firmas.
En su guía “Ganando en la turbulencia”, Bain & Company ofrece tres opciones para sanear las cuentas de una compañía y salir fortalecido de la situación actual, que van más allá del tradicional recorte de costos a través de los despidos de personal: manejar correctamente el efectivo y el flujo de caja, preservar las funciones generales y administrativas (G&A) de la firma y administrar la complejidad a la que ha llegado la empresa

El efectivo es el rey
La posibilidad de contar con dinero fresco cuando escasea en los mercados puede, no sólo ayudar a una empresa a sobrevivir en tiempos de vacas flacas sino, también, par reestructurar su firma y hasta adquirir a algún competidor.
Esto se puede ver en estos tiempos donde la crisis ha hecho desaparecer las líneas de créditos para las compañías que deben financiar su producción o, incluso, renegociar su deuda, como es el caso de las automotrices en los Estados Unidos. Por eso, la “gestión de efectivo se ha convertido en estratégica”.
“Las empresas que manejan agresivamente el efectivo y la liquidez - y usan la perspectiva y los datos que vienen con ella para ganar visibilidad hacia adelante - tienen la oportunidad de prosperar en la turbulencia”, afirma Bain & Company.
Según el informe, comprender los movimientos producidos por el flujo de efectivo y las medidas de liquidez durante la recesión sirven para mostrarles a los directivos de las firmas cuánto dinero tienen para preservar y proteger el negocio en diferentes condiciones.
A su vez, puede ayudarlo a resaltar las diferencias en la eficiencia de las distintas líneas de productos y en los canales de comercialización y sugerirle dónde focalizarse y cuándo realizar modificaciones.
Para esto la consultora sugiere realizar un estudio de lo que ocurre durante trece semanas para mostrar lo que fluye dentro y fuera de cada segmento del negocio de forma semanal y mensual. Así, se puede capturar la información en tiempo real sobre los movimientos de dinero y compararlos con las cantidades presupuestadas.
“Estos pueden demostrar con precisión la cantidad de efectivo que necesitan para proteger a la empresa bajo diferentes condiciones. Apuntando hacia afuera, también ayuda a proporcionar información sobre poderosos rivales, que son vulnerables, qué clientes son más fuertes y qué vendedores no podrían sobrevivir”, destaca el informe.
A su vez, el poder administrar los flujos de dinero en el largo plazo ayuda a los ejecutivos a preparar una estrategia basada en cómo es el rendimiento de su negocio semana a semana y qué cantidad de disponibilidad de capital fresco cuenta para invertir oportunamente durante la crisis.

El análisis de los costos
Uno de los principales puntos en los que se centran los empresarios a la hora de enfrentar una crisis es en la reducción de los costos, especialmente, en los gastos generales y administrativos (G&A), que son los que proveen soporte y back-offfice en finanzas, información tecnológica y recursos humanos.
Con estas reducciones, suelen eliminar rápido algunos gastos innecesarios. Pero también provocan una pérdida de valor en la compañía ya que se termina recortando actividades esenciales en un intento por fortalecer las ventas y las ganancias.
“El tema es saber cómo simplificar la estructura, cómo reducir los costos y simplificar los procesos para ser más efectivo – afirma Eisner -. No es sólo un tema de restructuración de personas, a veces, el nivel de procesos es un tema a simplificar. Cuando un portafolios de productos es demasiado amplio, tienen que empezar a achicarlo”.
Para evitar que las reducciones masivas perjudiquen a sectores de la compañía importantes para el funcionamiento del negocio, la consultora sugiere implementar un método que permite ahorros sostenibles del orden del 10 al 30 por ciento, ayuda a mejorar la productividad y la eficacia de funciones de back-office.
“Llamamos a esto ‘inversión de la pirámide’. La habitual pirámide organizativa muestra en la base a gerentes y empleados, la gente comprometida en las actividades del negocio de generar ganancias, ya sea atendiendo a los clientes o produciendo semiconductores. Las funciones de apoyo en el medio, y los principales directores arriba”, señala el informe.
La rotación de la pirámide enfatiza la importancia de aquellos que proveen los productos y los servicios que los clientes valoran. Así, todo se valúa según su desempeño. Para que una compañía pueda maximizar los servicios de su servicios de primera línea al mismo tiempo que elimina los gastos innecesarios en G&A, debe focalizarse en tres objetivos principales: reducir, rediseñar y reestructurar.
En el primero, deben analizar qué funciones de apoyo esperan ofrecer y cuáles no son esenciales, como para eliminarlas. Algunas usan para esto mecanismo de precios internos para ver cuáles son los servicios que realmente necesitan brindar, sobre la base de lo que están dispuestos a pagar.
El siguiente es el del rediseño. Esto requiere que analicen los procesos para brindar servicios de apoyo. De esta forma, pueden agilizar algunos, a menudo automatizando determinados pasos, y comprar mejor o con menor costo, insumos para otros.
Finalmente, se encuentra la restructuración. Esto implica, la consolidación o tercerización de los procesos. La meta que persiguen es garantizar que los servicios estén ubicados y organizados de tal forma que puedan prestarlos más eficazmente y al menor costo posible.

Simplificar las empresas
El crecimiento de las grandes empresas, por la creación de nuevas unidades o por fusiones y adquisiciones, les está trayendo problemas en medio de la crisis. Esto se debe a que cada vez se han tornado más difícil manejarlas en forma eficiente y algunas unidades han comenzado a ser deficitarias.
Por eso, Bain & Company les aconseja que comiencen a focalizarse en lo que les generan dinero y los clientes valoran. “Una de las principales causas de esta lentitud, en nuestra experiencia, es complejidad: de producto, de organización complejidad y proceso”, afirma.
A su vez, sostiene que “la clave no es eliminar la complejidad sino equilibrar sus beneficios con los costos. Una forma útil para poder estudiar el nivel de complejidad que tiene una firma y conocer lo que la beneficia de lo que la perjudica es empezar desde una base de cero”. Así, podrán notar qué partes son deficitarias y focalizarse sólo en las que les dan ganancias. Las otras pueden cerrarlas, discontinuarlas o vendérselas a algún competidor.
“Es un buen momento para agarrar el portafolios de negocios y saber qué parte puede servir para mi éxito y cuál va a ser mi negocio central – concluye Eisner -. Los temas pasan por reducción de complejidad del modelo de negocios, de cómo reduzco la complejidad de mis procesos o mi organización en particular. Ése es el quid de la cuestión para muchas compañías. Es el momento para que las empresas sepan hacia dónde quieren ir y tengan bien en claro cómo fortalecerse estratégicamente”.

jueves, 2 de abril de 2009

Acciones que valen menos que un diario

La crisis financiera no deja de sorprender tanto a los expertos de los mercados como a quienes se mantienen ajenos al mundo de las inversiones. Desconfianza es la palabra que más suena en las bolsas y estos se ve reflejado en la pérdida que tuvieron los diferentes índices de referencia en los Estados Unidos.
Ni siquiera los múltiples salvatajes que lanzó el presidente Barack Obama lograron estabilizar un poco la situación. Desde su asunción, el 20 de enero, el Dow Jones perdió un 6,25% y el S&P 500 un 4,54% y, en el último año, acumulan una baja del 38,65% y del 40,80%, respectivamente.
Esta situación ha llevado a varias empresas a valores mínimos en su historia hasta el punto de que algunas, que son un símbolo de la economía estadounidense, cuestan menos que el diario del domingo. O sea, ni siquiera alcanzan los 4,50 dólares que es el valor del New York Times en ese día.

Las noticias y las comunicaciones
Una de las firmas que cotizan casi al mismo precio del costo de un diario dominical es el propio New York Times (NYT). El periódico vio caer su precio un 75,28% en el último año a U$S4,56 debido a la reducción de la pauta publicitaria y en sus ventas.
Algo similar, le ocurrió a la cadena de televisión y radio CBS Corporation (CBS) cuyos papeles se derrumbaron un 81,69% en los últimos doce meses y alcanzaron los U$S3,88 cada uno.
El sector de las comunicaciones también sufrió el impacto de la crisis. Dos de las que vieron caer sus acciones en los últimos doce meses fueron Motorola (MOT) y Sprint Nextel (S). Las de la primera perdieron un 53,19% en el último año y llegaron a los U$S4,33; mientras las otras bajaron un 40,57% a U$S3,97 en el mismo período.

Autos y aviones
Una de las industrias que está más en riesgo en los EE.UU. es la automotriz. Al alto nivel de endeudamiento que tienen las compañías, la imposibilidad de refinanciar sus vencimientos y acceder a dinero fresco se le suman la caída de las ventas producto de la recesión y la incapacidad que tienen para poder competir con las marcas europeas y japonesas.
Por eso, el gobierno debió salir al rescate de las principales firmas del sector para evitar que quebraran. Sin embargo, los informes de los propios auditores externos de General Motors (GM) indicaron que si la compañía no logra poner en marcha un plan de restructuración, su destino sería la bancarrota. Esta situación se vio reflejada en la cotización de sus acciones que cayeron el 90,30% en el último año a U$S1,93.
Si bien Ford (F) está atravesando una situación levemente mejor y sus directivos afirman tener dinero para poder continuar operando, sus papeles también perdieron un 54,10% de su valor en los últimos doce meses hasta alcanzar los U$S2,74 cada uno.
La situación de las aerolíneas estadounidenses es diferente que la de las automotrices, aunque también están atravesando problemas vinculados con la caída de la demanda de pasajes debido a la crisis, por lo que han buscado formas de reducir sus costos que van desde cobrar por el equipaje que se envía en bodega, como por las gaseosas y la comida que se sirve a bordo.
Esta realidad se ha visto reflejada en los mercados. De esta forma, los papeles de US Airways (LCC) perdieron el 65,79% a U$S2,60 en los últimos doce meses y los de American Airlines (AMR) un 73% a U$S3,37.

El sistema bancario
El sector con mayores dificultades en los EE.UU. es, sin duda, el financiero. Desde la caída de Lehman Brothers y Washington Mutual, los papeles de las distintas firmas están más cerca de convertirse Penny Stocks (acciones que valen centavos) que en continuar manteniendo la relevancia de antaño.
En la actualidad, el caso más emblemático es el de Citi (C), que debió ser rescatado en dos oportunidades por el gobierno con montos totales cercanos a los U$S 45.000 millones.
Sin embargo, el mercado aún teme que pueda ser estatizado en su totalidad. Esto se vio reflejado en las caídas que sufrieron sus acciones, que totalizaron una pérdida del 88,25% en los últimos doce meses y alcanzaron un valor de U$S2,68
Algo similar ocurrió con el mayor broker por Internet, E*Trade (ETFC) que también afronta los coletazos de la crisis a pesar del constante movimiento que tienen los mercados diariamente. De esta forma, sus papeles acumulan una caída del 70,24% y alcanzaron un precio de U$S 1,25.
Otra compañía que debió ser rescatada por el gobierno de los EE.UU en dos oportunidades fue la aseguradora American International Group (AIG), por los problemas financieros que le trajeron la catarata de defaults de los productos estructurados vinculados a hipotecas subprime que había respaldado con sus pólizas.
De no haber mediado la ayuda oficial, esta firma hubiera seguido el camino de Lehman Brothers. Esto se vio reflejado en sus acciones que perdieron el 97,69% de su valor en un año y hoy cotizan a U$S1,07.


Acciones de los EE.UU. que valen menos que el diario (en U$S)

Fuente: Mercado

Los papeles locales
El mercado argentino acompañó las caída sufridas por las bolsas de los EE.UU., al igual que lo hicieron las principales acciones que se negocian en Buenos Aires. De la misma forma que existen algunas empresas norteamericanas que valen menos que un ejemplar del New York Times, aquí también ocurre lo mismo.
Así, se pueden encontrar diversas compañías cuyas cotizaciones se encuentran por debajo de los 5,5 pesos que es lo que cuesta en promedio la edición dominical de los principales periódicos locales.
Al igual que ocurre en Nueva York, el precio de una acción de un medio vale menos que el propio diario que publica. Este es el caso del Grupo Clarín (GCLA) cuyos papeles valen $4,05 cada uno, casi un peso menos que su edición del fin de semana.
De la misma forma, el sector bancario se encuentra dentro de este grupo con sus máximos exponentes locales. Banco Macro (BMA) está en $3,79; Banco Patagonia (BPAT) en $1,44; Banco Francés (FRAN) $3,33; y Grupo Financiero Galicia (GGAL) en $0,70.
También, cayeron dentro de esta categorías firmas vinculadas al petróleo y la minería como Aluar (ALUA) que cotiza a $1,70, Petrobras Energía (PBE) a $2,16; Socotherm America (STHE) a $3,60 y Solvay Indupa (INDU) a $1,71.
Finalmente, IRSA (IRSA) y su compañía hermana Cresud (CRES) se encuentran en este grupo ya que sus papeles cuestan $1,47 y $2,85, respectivamente, al igual que la firma controlada por Marcelo Mindlin, Pampa Energía (PAMP), que vale $0,975 y Ledesman (LEDE) que se paga $3,02.

Acciones de empresas argentinas que valen menos que el diario (en AR$)
Fuente: Mercado