Los fantasmas de la crisis de 2001 sobrevuelan las mentes de los argentinos cada vez que se profundiza la crisis en el mundo y, especialmente, en el país. Siete años después de la caída del presidente Fernando de la Rúa, la economía local está de nuevo en problemas.
Aunque hay muchas diferencias entre aquella situación y la actual, el ex-presidente Néstor Kirchner (2003-2007) se encargó de reavivar recientemente el temor de volver a caer en el abismo si el gobierno de su esposa, Cristina Fernández, pierde las elecciones legislativas el 28 de junio.
“Le quiero decir a todos los argentinos que nos escuchen, que tengan en claro que si no hubiera memoria y no tuviéramos la mayoría en el Congreso, la Argentina volvería a caer en el vacío y en la crisis de 2001”, advirtió durante la campaña con la que busca ser elegido diputado por la provincia de Buenos Aires.
Su amenaza cayó como un balde de agua fría en todos los sectores del país, incluso entre los partidarios del gobierno, porque la situación política y económica actual son totalmente diferentes de las de aquella época.
En el peor de los casos, lo que puede ocurrir el 28 de junio es que el oficialismo pierda la mayoría en el Congreso y la presidenta tenga que negociar con la oposición para poder aprobar sus leyes en el Parlamento.
Las últimas encuestas muestran a Kirchner ganando por sólo tres puntos de diferencia. Pero en otros distritos importantes, el gobierno está perdiendo por más de veinte. Así que probablemente, se quede sin el control de ambas Cámaras.
A la incertidumbre política se le suma el contagio de la crisis mundial y los problemas locales que afectan a la economía argentina. Así, la tasa de crecimiento del PBI pasó de un promedio del 7% en los últimos cinco años a un 1%, estimado para 2009 por el Banco Central.
Esto llevó a una caída de la confianza del consumidor que se vio plasmada en el aumento de los 17,5% en la cantidad de depósitos privados en dólares en el primer cuatrimestre, un refugio que suele utilizarse en el país cuando el futuro se torna incierto.
Más allá de esto, algunos se preguntan si esta crisis tiene algo de similar con la de 2001, como amenaza el ex-presidente, aunque la mayoría piensa que no.
Dos casos distintos
Ambas crisis tienen más diferencias que similitudes. La más importante es que la Argentina contaba, hace siete años, con una paridad uno a uno entre el peso y el dólar, por lo que tuvo que devaluar un 140% para estabilizar la situación en el país.
En la actualidad, el Banco Central controla la cotización de dólar mediante la compra o venta de divisas y ha dejado caer lentamente el peso un 15% en los últimos doce meses. También, dispone de las reservas suficientes para apoyar la moneda local, algo que no ocurría en 2001.
“El tipo de cambio tiene sus pequeños movimientos y no está encorsetado como en 2001. Si hay una oleada de desconfianza y una salida fuerte de capitales, se puede disparar el dólar, pero no al ritmo de la salida de la convertibilidad. No veo condiciones para eso”, afirma el ex-viceministro de Economía (2002), Jorge Todesca.
Por otra parte, el sistema bancario es más fuerte que hace siete años. En ese momento, la mayoría de los créditos y depósitos eran dólares, por lo que después de la devaluación todos pedían que se los devolvieran en la misma moneda, algo imposible. Los bancos hicieron lo propio con sus deudores, lo que provocó una alta tasa de incobrabilidad.
Ahora, la mayoría de los depósitos son en moneda local, algo que también ocurre con los préstamos. Por lo tanto, el impacto de una devaluación podría influir menos en la morosidad que en 2001.
“Tenemos un sistema financiero en pesos y no hay razones para una corrida bancaria. Si la hubiera, el Banco Central está en condiciones de soportarlo. Esto fue un elemento central en 2001 porque la gente retiraba dólares y los depósitos eran contra las reservas, así se perdieron 25% de los depósitos y el 40% de las reservas”, sostiene Todesca.
Crisis real
Más allá de estas diferencias, el temor de la población a volver al caos de 2001 sigue latente cada vez que se habla de crisis en el país, algo que el ex-presidente Kirchner busca capitalizar cuando lanza sus advertencias apocalípticas en los discursos de campaña.
Sin embargo, la situación y la percepción de la gente sobre la economía local dista mucho de la que había hace siete años cuando todos corrían a los bancos a sacar sus ahorros para convertirlos en dólares, y nadie sabía qué podía ocurrir al día siguiente. Por ese entonces, la anarquía política, económica y financiera rondaban la Argentina y decenas de miles de personas huían al exterior en busca de un horizonte mejor, entre ellos hacia Israel.
“La crisis de 2001 la sentí más fuerte porque estaba con la plata justa todo el tiempo y, a veces, ni siquiera me alcanzaba para vivir. Ahora, tengo dinero en el banco, no mucho, pero no me siento tan apretada”, afirma Valeria Behrend, quien administra el hostel Residencial Uno, en las cercanías de las Cataratas del Iguazú.
Algo similar le ocurre a Romina Tomeo, una empleada del instituto médico Halitus, en Buenos Aires. “En la crisis de 2001, tenía miedo, no sabía dónde estaba parada, porque no había un norte. Esta crisis la siento más relajada, si bien tampoco hay un norte, ya estamos acostumbrados”.
Sus percepciones coinciden con lo que están viviendo actualmente los comercios y la industria en el país y contrasta con lo que les tocó atravesar luego de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
“En 2001, vivimos una debacle, fue un desastre, no se vendía nada. Hoy vendo menos que el año pasado pero más que en 2007. Si tengo que llamar crisis a lo de 2001, hoy no estamos en crisis”, afirma Mariano Merbaum, director de La Parfumerie, una de las mayores cadenas de perfumerías del país.
Más allá de esto, la desaceleración en la economía ha empezado a sentirse con fuerza desde octubre de 2008, fruto de la crisis interna y externa, a pesar de lo que dicen los indicadores estatales, manipulados por el gobierno. Según los datos oficiales, la actividad creció un 2,3% mientras que las consultoras privadas afirman que cayó un 3,3%, en el primer trimestre.
Uno de los sectores más afectados es el consumo. Así, las ventas minoristas se desplomaron un 13,3% en abril frente al mismo mes del año pasado, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), algo que viene ocurriendo en forma continua desde marzo de 2008.
Algo similar mostró la confianza de los consumidores que está en su mínimo desde marzo de 2003, fruto de la incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir con la economía y el gobierno si éste llega a perder las elecciones el 28 de junio.
“Trato de no comprar tonterías, como antes del comienzo de la crisis. Aprovecho más las ofertas y tengo más cuidado con el dinero debido a la situación económica del país y la percepción de los problemas que puedan venir en el corto plazo por la crisis política”, dice Guillermo Fink Almirall, gerente de Verizon Business en Buenos Aires.
Tomeo concuerda. “Tuve que achicar lo que compro en el supermercado, reduje a cero las salidas, no tomo más taxis. La plata la uso para pagar los servicios y el supermercado”, sostiene.
Esta caída en el consumo se ve reflejada en las vidrieras de los comercios que han recurrido a todo tipo de ofertas para tentar a la gente a comprar. Sin embargo, pocos lo han logrado.
“Estoy vendiendo un 7% menos que el año pasado. La gente está con mucha incertidumbre, trata de gastar lo justo y necesario, está muy pendiente de las promociones. Con descuentos más violentos, el consumo aparece, porque aprovechan para abastecerse de todo lo que necesitan”, afirma Merbaum.
Algo similar ocurre en el rubro textil. Rodolfo Rosenberg, director de la cadena de indumentaria Desigual con nueve locales y fábrica propia, es pesimista con lo que pueda ocurrir en el futuro cercano y afirma que en los próximos meses van a cerrar más locales del rubro.
“La gente mira mucho qué comprar en este momento, busca más precio, viene mira, se da la vuelta y vuelve, o no. Las ventas van a seguir cayendo por lo que puede llegar a ocurrir en el país después de las elecciones”, detalla.
Lo cierto es que, a pesar de todos los males que aquejan a la Argentina, tanto políticos como económicos, ninguno se acerca a los que debió afrontar el país en 2001. Sin embargo, las huellas de aquella crisis aún persisten en la memoria de la gente que ante cada noticia negativa sale corriendo a cambiar sus pesos por dólares para cubrirse de lo que pueda ocurrir en el futuro y, por si acaso, los guarda debajo del colchón.
Aunque hay muchas diferencias entre aquella situación y la actual, el ex-presidente Néstor Kirchner (2003-2007) se encargó de reavivar recientemente el temor de volver a caer en el abismo si el gobierno de su esposa, Cristina Fernández, pierde las elecciones legislativas el 28 de junio.
“Le quiero decir a todos los argentinos que nos escuchen, que tengan en claro que si no hubiera memoria y no tuviéramos la mayoría en el Congreso, la Argentina volvería a caer en el vacío y en la crisis de 2001”, advirtió durante la campaña con la que busca ser elegido diputado por la provincia de Buenos Aires.
Su amenaza cayó como un balde de agua fría en todos los sectores del país, incluso entre los partidarios del gobierno, porque la situación política y económica actual son totalmente diferentes de las de aquella época.
En el peor de los casos, lo que puede ocurrir el 28 de junio es que el oficialismo pierda la mayoría en el Congreso y la presidenta tenga que negociar con la oposición para poder aprobar sus leyes en el Parlamento.
Las últimas encuestas muestran a Kirchner ganando por sólo tres puntos de diferencia. Pero en otros distritos importantes, el gobierno está perdiendo por más de veinte. Así que probablemente, se quede sin el control de ambas Cámaras.
A la incertidumbre política se le suma el contagio de la crisis mundial y los problemas locales que afectan a la economía argentina. Así, la tasa de crecimiento del PBI pasó de un promedio del 7% en los últimos cinco años a un 1%, estimado para 2009 por el Banco Central.
Esto llevó a una caída de la confianza del consumidor que se vio plasmada en el aumento de los 17,5% en la cantidad de depósitos privados en dólares en el primer cuatrimestre, un refugio que suele utilizarse en el país cuando el futuro se torna incierto.
Más allá de esto, algunos se preguntan si esta crisis tiene algo de similar con la de 2001, como amenaza el ex-presidente, aunque la mayoría piensa que no.
Dos casos distintos
Ambas crisis tienen más diferencias que similitudes. La más importante es que la Argentina contaba, hace siete años, con una paridad uno a uno entre el peso y el dólar, por lo que tuvo que devaluar un 140% para estabilizar la situación en el país.
En la actualidad, el Banco Central controla la cotización de dólar mediante la compra o venta de divisas y ha dejado caer lentamente el peso un 15% en los últimos doce meses. También, dispone de las reservas suficientes para apoyar la moneda local, algo que no ocurría en 2001.
“El tipo de cambio tiene sus pequeños movimientos y no está encorsetado como en 2001. Si hay una oleada de desconfianza y una salida fuerte de capitales, se puede disparar el dólar, pero no al ritmo de la salida de la convertibilidad. No veo condiciones para eso”, afirma el ex-viceministro de Economía (2002), Jorge Todesca.
Por otra parte, el sistema bancario es más fuerte que hace siete años. En ese momento, la mayoría de los créditos y depósitos eran dólares, por lo que después de la devaluación todos pedían que se los devolvieran en la misma moneda, algo imposible. Los bancos hicieron lo propio con sus deudores, lo que provocó una alta tasa de incobrabilidad.
Ahora, la mayoría de los depósitos son en moneda local, algo que también ocurre con los préstamos. Por lo tanto, el impacto de una devaluación podría influir menos en la morosidad que en 2001.
“Tenemos un sistema financiero en pesos y no hay razones para una corrida bancaria. Si la hubiera, el Banco Central está en condiciones de soportarlo. Esto fue un elemento central en 2001 porque la gente retiraba dólares y los depósitos eran contra las reservas, así se perdieron 25% de los depósitos y el 40% de las reservas”, sostiene Todesca.
Crisis real
Más allá de estas diferencias, el temor de la población a volver al caos de 2001 sigue latente cada vez que se habla de crisis en el país, algo que el ex-presidente Kirchner busca capitalizar cuando lanza sus advertencias apocalípticas en los discursos de campaña.
Sin embargo, la situación y la percepción de la gente sobre la economía local dista mucho de la que había hace siete años cuando todos corrían a los bancos a sacar sus ahorros para convertirlos en dólares, y nadie sabía qué podía ocurrir al día siguiente. Por ese entonces, la anarquía política, económica y financiera rondaban la Argentina y decenas de miles de personas huían al exterior en busca de un horizonte mejor, entre ellos hacia Israel.
“La crisis de 2001 la sentí más fuerte porque estaba con la plata justa todo el tiempo y, a veces, ni siquiera me alcanzaba para vivir. Ahora, tengo dinero en el banco, no mucho, pero no me siento tan apretada”, afirma Valeria Behrend, quien administra el hostel Residencial Uno, en las cercanías de las Cataratas del Iguazú.
Algo similar le ocurre a Romina Tomeo, una empleada del instituto médico Halitus, en Buenos Aires. “En la crisis de 2001, tenía miedo, no sabía dónde estaba parada, porque no había un norte. Esta crisis la siento más relajada, si bien tampoco hay un norte, ya estamos acostumbrados”.
Sus percepciones coinciden con lo que están viviendo actualmente los comercios y la industria en el país y contrasta con lo que les tocó atravesar luego de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
“En 2001, vivimos una debacle, fue un desastre, no se vendía nada. Hoy vendo menos que el año pasado pero más que en 2007. Si tengo que llamar crisis a lo de 2001, hoy no estamos en crisis”, afirma Mariano Merbaum, director de La Parfumerie, una de las mayores cadenas de perfumerías del país.
Más allá de esto, la desaceleración en la economía ha empezado a sentirse con fuerza desde octubre de 2008, fruto de la crisis interna y externa, a pesar de lo que dicen los indicadores estatales, manipulados por el gobierno. Según los datos oficiales, la actividad creció un 2,3% mientras que las consultoras privadas afirman que cayó un 3,3%, en el primer trimestre.
Uno de los sectores más afectados es el consumo. Así, las ventas minoristas se desplomaron un 13,3% en abril frente al mismo mes del año pasado, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), algo que viene ocurriendo en forma continua desde marzo de 2008.
Algo similar mostró la confianza de los consumidores que está en su mínimo desde marzo de 2003, fruto de la incertidumbre sobre lo que pueda ocurrir con la economía y el gobierno si éste llega a perder las elecciones el 28 de junio.
“Trato de no comprar tonterías, como antes del comienzo de la crisis. Aprovecho más las ofertas y tengo más cuidado con el dinero debido a la situación económica del país y la percepción de los problemas que puedan venir en el corto plazo por la crisis política”, dice Guillermo Fink Almirall, gerente de Verizon Business en Buenos Aires.
Tomeo concuerda. “Tuve que achicar lo que compro en el supermercado, reduje a cero las salidas, no tomo más taxis. La plata la uso para pagar los servicios y el supermercado”, sostiene.
Esta caída en el consumo se ve reflejada en las vidrieras de los comercios que han recurrido a todo tipo de ofertas para tentar a la gente a comprar. Sin embargo, pocos lo han logrado.
“Estoy vendiendo un 7% menos que el año pasado. La gente está con mucha incertidumbre, trata de gastar lo justo y necesario, está muy pendiente de las promociones. Con descuentos más violentos, el consumo aparece, porque aprovechan para abastecerse de todo lo que necesitan”, afirma Merbaum.
Algo similar ocurre en el rubro textil. Rodolfo Rosenberg, director de la cadena de indumentaria Desigual con nueve locales y fábrica propia, es pesimista con lo que pueda ocurrir en el futuro cercano y afirma que en los próximos meses van a cerrar más locales del rubro.
“La gente mira mucho qué comprar en este momento, busca más precio, viene mira, se da la vuelta y vuelve, o no. Las ventas van a seguir cayendo por lo que puede llegar a ocurrir en el país después de las elecciones”, detalla.
Lo cierto es que, a pesar de todos los males que aquejan a la Argentina, tanto políticos como económicos, ninguno se acerca a los que debió afrontar el país en 2001. Sin embargo, las huellas de aquella crisis aún persisten en la memoria de la gente que ante cada noticia negativa sale corriendo a cambiar sus pesos por dólares para cubrirse de lo que pueda ocurrir en el futuro y, por si acaso, los guarda debajo del colchón.
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