El precio del barril de petróleo ya superó los 145 dólares y si bien ha bajado en las últimas semanas, la amenaza de que vuelva a retomar su crecimiento sigue. Algunos analistas, incluso, estiman que podría alcanzar los 200 dólares para fin de año debido a las tensiones que existen en el Medio Oriente.
A esto hay que sumarle que la producción de crudo se encuentra cartelizada con lo que las variaciones que sufre su cotización se encuentran supeditadas, especialmente, a los intereses de unos pocos estados, más que a las reglas tradicionales de la oferta y la demanda
Desde la creación de la
Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en 1960, las alzas y bajas de su precio estuvieron más vinculadas a razones políticas que a su escasez o abundancia a escala global. Por eso, lo que se vive en la actualidad, no debe resultar sorprendente si se tiene en cuenta la tensión que existe entre los Estados Unidos y los países de Medio Oriente.
De cualquier forma, también habría que sumarle a este panorama el aumento de la demanda proveniente de China y de la India. El crecimiento de sus economías y la inclusión de cada vez más sectores de su población en la sociedad de consumo y en el uso de automóviles también han ayudado a que el consumo de crudo se haya mantenido en el último tiempo en niveles récord.
Más allá de que siga creciendo el valor, hay otra realidad que es innegable, el petróleo es un bien escaso y en un futuro cercano dejará de existir en la Tierra por lo que habrá que conseguir otra materia prima que lo reemplace.
Todos estos factores han comenzado a preocupar no sólo a las grandes potencias sino también a los centros financieros globales, en especial a Wall Street. De esta forma, el mundo entero se ha lanzado en la búsqueda de opciones de generación de energía para poder abastecerse y evitar una crisis que paralice la actividad industrial, especialmente, en los países desarrollados.
A su vez, esto ha llevado a que empezaran a surgir cada vez más instrumentos que le permiten a los inversores diversificar sus carteras e incluir nuevas fuentes de energía alternativas en las que colocar el dinero y, de esta forma, lograr contrarrestar los efectos que puede tener una crisis con el petróleo.
Una opción viableLa energía atómica es una de las fuentes alternativas de generación de electricidad más antiguas y desarrolladas en todo el mundo. Su importancia es de tal magnitud que, en la actualidad, produce el 16% del total que se consume a escala global y el 34% de lo utilizado en la Unión Europea.
Según la
World Nuclear Association (WNA), existen en construcción 34 centrales en once países, a las que hay que sumarle las 90 que están en etapa de proyectos y las 200 que planean construirse en el mediano plazo.
Sin embargo, este crecimiento cuenta con algunos obstáculos que aún resultan difíciles de superar. Por un lado, se encuentra el problema de la seguridad ya que estos reactores requieren de medidas de control muy exigentes y constantes que provocan grandes gastos a las empresas.
Este es un factor esencial ya que cada vez que se produce un accidente, como fue el caso de Chernobyl, Ucrania, en agosto de 1986, esta industria se paraliza y comienzan a alzarse, nuevamente, las voces que se oponen a su desarrollo.
El segundo inconveniente es el político. La instalación de un reactor atómico puede tener dos usos: uno civil y otro militar. Por esta razón, los Estados Unidos intentan evitar su proliferación alrededor del mundo, especialmente en los países menos desarrollados que podrían utilizarlas para crear un arsenal de armas de destrucción masiva.
Dos ejemplos bien actuales son las crisis que se desataron en los últimos tiempos entre Washington y Corea del Norte e Irán por la construcción de sus reactores y el avance de sus programas nucleares que podrían derivar en la fabricación de bombas atómicas.
Finalmente, un tercer factor es el uranio que, al igual que el petróleo, es un material escaso en el mundo, con un alto costo de extracción, aunque no se encuentra cartelizado como el crudo, por lo que su precio se rige más por las reglas del mercado de oferta y demanda que por una cuestión política.
En la actualidad, la cotización del contrato a futuro con entrega en noviembre de 2008 se encuentra en los 70 dólares por libra en la
New York Mercantile Exchange (NYMEX), lo que implica un crecimiento de su precio cercano al 520% en el último lustro.
Sin embargo, el año pasado perdió más de la mitad de su valor ya que había alcanzado un precio récord cercano a los 140 dólares. De cualquier forma, la tendencia del mercado parece haberse revertido nuevamente ya que el contrato a futuro con vencimiento en diciembre de 2009 se negocia en 78 dólares, lo que implica que podría seguir creciendo en los próximos años.
Una cartera atómicaPara cualquier inversor minorista resulta engorroso poder colocar su dinero directamente en los contratos a futuro del uranio, al igual que ocurre con los demás commodities. Lamentablemente, aún no existe ningún Exchange Traded Fund (ETF) que siga su comportamiento. Pero hay otras alternativas.
En los últimos tiempos han aparecido diversas formas de invertir en energía nuclear, sin tener que hacerlo directamente en la materia prima que la produce. La primera opción, y la más diversificada, es hacerlo a través de alguno de los ETF que cuentan en su cartera con acciones de empresas vinculadas a los distintos sectores de esta industria.
Para quienes prefieren tomar sus propias decisiones también existe la alternativa de adquirir, en forma directa, los papeles de las compañías que se dedican a este rubro. De esta forma, es posible optar entre las firmas que se focalizan en la extracción de uranio propiamente dicho, las que se dedican a la construcción de centrales atómicas, las que cuentan con sus propios reactores para la producción de energía eléctrica, y quienes almacenan el uranio, entre otras.
Para los que buscan abarcar esta industria con una mayor amplitud y tener una herramienta más diversificada, hay dos formas prácticas en el mercado. Por un lado, se encuentra el PowerShares Global Nuclear Energy Portfolio (PKN) que intenta emular el desempeño del índice World Nuclear Association.
Así, incluye entre las principales empresas de su portafolio a Areva, British Energy, ON AG, Electricite de France, Emerson Electric, Exelon Corporation, JGC Corporationn, Parker Hannifin, Thermo Fisher Scient y Toshiba Corporation, entre otros.
De esta forma, logra diversificar su cartera en diferentes sectores vinculados con la energía atómica ya que cuenta con 64 compañías diseminadas por todo el mundo. Por eso, incluye un 25% de generación eléctrica, 25% en tecnología, equipamiento y servicios, 20% en combustible nuclear, 15% en vendedoras de reactores y 15% en constructoras.
El PKN es el producto más nuevo dentro de este sector ya que fue lanzado al mercado el 4 de abril de 2008. De esta forma, tuvo una caída del 8,80% en los cuatro meses que lleva cotizando, mientras que el índice S&P 500 cayó un 6,82 % en el mismo período.
Otra opción es el Market Vectors Nuclear Energy (NLR). Este ETF cuenta con mayor trayectoria en el mundo de la energía atómica y busca emular los movimientos del índice DAXglobal Nuclear.
Así, incluye entre las principales compañías de su cartera a British Energy, Cameco Corporation, Constellation Energy, Electricite de France, Exelon Corporation, Ishikawajima-Harima Heavy Industries, JGC Corporation, Kajima, Mitsubishi Heavy Industries, Uranium One Inc, entre otras.
Para esto, cuenta en su portafolio con un 42,2% en minas de uranio, el 25,6% en plantas de infraestructura, un 24% en generación eléctrica, el 4,6% en almacenamiento, un 2,3% en enriquecimiento de uranio y el 1,3% en transporte de combustible nuclear. De esta forma, el NLR cayó 24.72% en los últimos doce meses, mientras que el índice S&P 500 perdió un 8,80% en el mismo período.
Más allá de esta caída que puede tener que ver más con las vicisitudes actuales del mercado que con el sector en sí, este tipo de inversiones tienen que ser pensadas para el largo plazo y como una alternativa para cuando el mundo opte por dejar de lado el petróleo como fuente de energía.
La industria atómicaPara los que prefieren elegir las acciones por su cuenta existen diversas opciones vinculadas con la energía atómica. Por un lado, se están algunas compañías como
Excelon Corp. (EXC) que se dedica a la generación, transmisión, distribución y venta de electricidad. Su rendimiento fue del 11,52% en el último año, mientras que el S&P500 cayó un 8,80%, en el mismo período.
Otra alternativa posible es la empresa
Entergy Corporation (ETR) que se focaliza en la producción y distribución de energía y cuenta con centrales atómicas en el norte de los Estados Unidos con las que provee al mercado mayorista de la región. En los últimos doce meses, sus acciones crecieron el 7,02%.
Una tercera opción es
Dominion Resources (D) que se dedica a la generación y provisión de electricidad y gas y tiene usinas que funcionan con carbón, gas, petróleo, energía nuclear y otras fuentes renovables en los Estados Unidos. Sus acciones subieron un 6,74% en el último año.
Dentro del sector de la minería, existen varias opciones como por ejemplo la compañía
Cameco Corporation (CCJ). Esta firma canadiense es la mayor productora de uranio del mundo, con yacimientos que cuentan con reservas probables de hasta 389 millones de libras. Más allá de esto, sus papeles cayeron un 19,39% en los últimos doce meses.
Rendimiento (%) de inversiones en energía atómica
Fuente: MercadoCómo invertirTanto para quienes están interesados en comprar los ETF como para quienes prefieren armarse su propia cartera adquiriendo directamente las acciones, la forma de hacerlo desde Buenos Aires es la misma: a través de un agente de Bolsa autorizado para operar en los Estados Unido.
Si bien cada vez son más que realizan esta clase de negocios, no todos cuentan con esta oferta dentro de su paquete de servicios. Las que suelen brindarlo son las casas más grandes. Por eso, es importante consultar todas las opciones antes de abrir una cuenta.
Este sistema consiste en comprar las acciones (cualquiera en la
Bolsa de Comercio de Nueva York o en el
Nasdaq) en dólares a nombre del inversor y mantenerlas en custodia en los Estados Unidos.
Para poder hacer esto, el interesado debe abrir una cuenta en pesos con el agente que elija y tener, al menos, diez mil pesos depositados. En realidad, esta cifra puede ser menor, pero los operadores sugieren este mínimo debido a los gastos que genera la operación.
Si bien la inversión real se lleva a cabo en moneda nacional, los valores que se adquieren están dólares. Esto se debe a una normativa de la
Comisión Nacional de Valores (CNV) que a las casas de Bolsa a operar sólo en pesos en la Argentina.
La liquidez a hora de la venta dependerá del movimiento que tengan tanto las acciones como los ETF que elija, algo que, tratándose de las mencionadas en esta nota no debe considerarse un tema de preocupación.
Otro punto que hay que tener en cuenta, es que cada compra tiene un costo del uno por ciento del monto del negocio, pero carece de gastos de custodia, aunque tiene un cargo de mantenimiento que varía entre los seis y ocho pesos mensuales, según el operador.
Cabe resaltar que los valores depositados en la cuenta se rigen bajo la legislación de la Argentina, pero lo que ocurra con las acciones adquiridas está bajo la normativa de los Estados Unidos.